Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

jueves, 22 de octubre de 2009

Una de miedo

No hace mucho tiempo tuve ocasión de leer en cierto periódico de gran tirada (uno de los principales de este país) el enésimo reportaje/reflexión que últimamente se repite mucho en todos los medios pleno de lamentos y retórica vacía sobre el nivel de violencia y agresividad que padece la sociedad en la que (sobre) vivimos hoy por hoy, con preguntas del estilo ¿Qué hemos hecho mal? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Por qué los jóvenes no reaccionan? ¿Por qué nuestra sociedad marcha a la deriva? ¿Tiene solución? y etcétera.

Por supuesto, el reportaje/reflexión no llegaba a ninguna solución; ni siquiera subrayaba una conclusión clara sobre cómo actuar más allá de reconocer que los medios de comunicación, especialmente a través de la televisión y el cine, son los responsables en buena medida de mucha de la violencia gratuita que muestran sin pudor (y sin respetar horarios infantiles ni fruslerías similares) y sirven como ejemplo a aquéllos que sólo están buscando que alguien les enseñe la mejor manera de materializar sus propios deseos violentos.

Se supone que el final abierto de una información de este tipo es bueno, porque así se consigue crear en el lector una necesidad de pensar por sí mismo para interesarse por el asunto y llegar a sus propias conclusiones y, si es posible, soluciones. Pero tengo para mí que esa idea no estaba en la mente del autor del texto, sino que éste simplemente lo terminó como pudo ante su incapacidad para hallar una salida al problema y una vez conseguido el objetivo inicial que era llenar la doble página con
"un tema candente y de actualidad que preocupe a nuestros lectores".

Lo gracioso es que hoy he leído en ese mismo periódico un artículo en el que, imagino que no es el mismo autor del texto anterior, se lamenta más o menos soterradamente de la calificación X para la nueva película de la horrorosa saga de
Saw, la sexta de la serie. Y digo lo de horrorosa porque son películas realmente malas, no porque pertenezcan al maltratado género del Terror, bajo cuya noble marca se han rodado y se siguen rodando auténticas basuras. La queja es que, al tener la X (calificación reservada para películas porno o que muestren apología de la violencia), la película sólo podrá estrenarse en 8 cines en toda España, en lugar de en 300, que son las copias que estaban preparadas para su distribución. Y, claro, eso es una gran "afrenta" para la "libertad de exhibición".

Para el que no conozca de qué trata lo de
Saw, resumir que en todas las películas pasa siempre lo mismo: sin saber por qué ni por qué no alguien se despierta encadenado en un lugar cerrado y para liberarse y salvar la vida tendrá que matar a otro personaje encerrado junto a él y/o automutilarse. Y ya está. En semejante ejercicio de sadomasoquismo se basa todo el argumento de este excremento audiovisual que intentan vendernos como "gran película terrorífica". El entontecido consumidor medio de historias como éstas suele ser un adolescente mal educado (en el sentido de que nadie ha sido capaz de enseñarle las cosas que realmente importan en la vida y por tanto su horizonte se limita a gastar generosamente el dinero recaudado del grifo paterno y protestar contra la sociedad que le "oprime" y le "condena" al ostracismo). Un adolescente que, como todos los adolescentes, es fácilmente impresionable y traumatizable, y por tanto manipulable, al que se le anestesia con facilidad ante el dolor o las necesidades de los demás a base de heces cinematográficas como la firmada por el importante director Kevin Greutert.

-¡Menudo exagerado! Eso serían los adolescentes de antes. Los de ahora saben más que Lepe y no se asustan por nada. Ellos sólo ven esto como entretención y distinguen lo real de lo irreal...

Sí, solemos decirnos eso para justificarnos, para engañarnos a nosotros mismos mirando para otro lado sin tener en cuenta que un adolescente, hoy, puede poseer más información que los adolescentes que nosotros fuimos..., pero sin reconocer que también sigue teniendo las mismas ansiedades, los mismos miedos, las mismas inseguridades que tuvimos nosotros. La diferencia es que en la actualidad es mucho más sencillo adoctrinarles y manipularles.

Es muy interesante comparar las películas, de terror o no, que muestran asesinatos: las que se rodaron hace 50 años con las de hace 30 con las de hace 10 con las de ahora. Las más antiguas sugieren más que muestran el acto criminal: con el rostro del delincuente y una imagen de su pistola, por ejemplo, y unos pies de la víctima ya tendida como toda referencia. Hoy cualquier asesinato se nos muestra con toda su crudeza, en primer plano, con la mayor violencia posible, la cara de terror de la víctima, sus tripas colgando y, si puede ser en 3D, salpicándonos la sangre.
Un tipo de hace 50 años al que metiéramos en la máquina del tiempo y le trajéramos a nuestra época para sentarle en el cine y proyectarle una película de éstas no podría soportarlo.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Poco a poco. Película a película, a lo largo de los años... Alguien, en algún momento y por motivos que no sabemos ha decidido aumentar el grado de violencia del cine que consumimos y por tanto hacernos más violentos a nosotros mismos, lenta, imperceptiblemente. Se conoce como
Patologías Blancas ese tipo de enfermedades que tiene la mayoría de la población y que precisamente por eso no se reconocen como tales.

¿Quién y por qué decidió inyectarnos violencia en vena? Ahhh..., ésa es una interesante premisa para escribir una verdadera historia de miedo.

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