
En principio depende de a lo que llamemos droga. La mayoría de las personas asocia el término con preparados notablemente dañinos y/o con gran potencial de adicción, como la heroína o la cocaína. Droga-adicción o, por síncopa, drogadicción es la dependencia enfermiza, física y psíquica, de sustancias de este tipo que afectan a las funciones cerebrales y también al sistema nervioso central y que producen alteraciones en la percepción de los sentidos, con todo tipo de consecuencias: desde euforia hasta depresión, desde alucinaciones hasta ralentización del tiempo pasando por la locura y, en última instancia, la muerte. Sin embargo, en Farmacología, se conoce como droga a "toda materia prima de origen biológico que permite directa o indirectamente elaborar algún tipo de medicamento sobre la base de un principio activo o sustancia responsable de la actividad de la droga". Es decir, desde un punto de vista técnico, una aspirina, un ibuprofeno o cualquier otra medicina de uso corriente es también una droga.
En la actualidad, existen varias formas de clasificar las drogas y la más habitual en ésta nuestra época ambigua en la que no se puede descalificar ni siquiera la actividad más perversa no vaya a ser que haya alguien en alguna parte que vaya a molestarse por nuestro juicio de valor es de acuerdo con los efectos que producen en el sistema nervioso central. Según esta cla

Un dato especialmente interesante es el nivel de adicción que provocan. Curiosamente, la nicotina figura en primer lugar absoluto de la clasificación (de donde se puede deducir la dificultad de dejar el tabaco) y el valium o diazepam, esa "inocente" y "benéfica" pastillita con la que nos "relajamos" tan fácilmente ocupa la quinta posición, detrás del principio activo del cigarrillo, la metanfetamina fumada e inyectada y el crack.
Todo este amplio prólogo era preciso antes de enfrentar la siguiente información que no he visto haya sido difundida con demasiado interés por los medios de comunicación, a pesar de su importancia: el diez por ciento de la población española (¡Uno de cada diez ciudadanos, nada menos! ¡Eso supone casi cuatro millo

Estos datos son oficiales y se han hecho públicos en una jornada bautizada Polimedicación y Envejecimiento organizada por el Ministerio de Sanidad y la Organización Médica Colegial (OMC) con la intervención del secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, el vicepresidente de la OMC, Ricardo Gutiérrez, y el tesorero de la organización, José María Rodríguez. Jornada en la que se ha advertido de que con la ingesta de tantos medicamentos diarios existe un riesgo serio de interacción entre ellos y, de hecho, según revelaba Martínez Olmos, cerca de un 30 por ciento de los casos que son atendidos en las urgencias de los hospitales españoles se debe al abuso de medicinas.
¿Necesitamos realmente tomar tantas medicinas? Nuestros antepasados no tomaban ni la mitad de la mitad de las que consumimos hoy para sobrevivir. Y las que utilizaban estaban basadas en hierbas naturales recogidas y preparadas por personas que con el tiempo fueron acusadas de "brujas" (y perseguidas y asesinadas) para eliminar la competencia de la reciente y corporativa profesión de cuidador-de-enfermos (atención, el negocio no está en curar a los enfermos, sino en cuidarlos: esto es, mantenerlos el mayor tiempo posible suspendidos en ese hilo delgado entre la enfermedad y la salud para entre tanto venderles nuestra atención y nuestros productos).
"¡Eh, oiga! Nuestros antepasados sufrían muchas más enfermedades y morían antes porque no tenían los niveles de protección médicos y el arsenal químico del que disponemos en la actualidad", dice el espontáneo de la tercera fila, levantándose indignado. ¿Seguro? ¿No sería más bien que sufrían esas enfermedades por las deficientes condiciones de alimentación e higiene, por no hablar de su constante reclutamiento para todo tipo de enfrentamie

¿Qué se esconde entonces detrás de todo esto? Parece bastante evidente: la diferencia entre un "porro" o una "rayita" y un comprimido cualquiera recetado por nuestro médico de cabecera o por el especialista no es, después de todo, más que una cuestión de legalidad. Alguien decide que unos productos pueden estar a libre disposición y otros no (porque de esta manera se pueden amasar grandes fortunas con la compra-venta de la sustancias ilegales), pero la mayoría de ellos (probablemente todos, en las dosis adecuadas) resultan con el tiempo adictivos. Y por tanto son un gran negocio por partida doble: 1º) ayudan a mantener bajo control a la sociedad (que reclama estas sustancias, no puede prescindir ya de ellas) y 2º) genera inmensas cantidades de dinero al vender los distintos tipos de medicamento (para la gripe, para el dolor de espalda, para las hemorroides, para la astenia, para las jaquecas, para el síndrome postvacacional y para lo que haga falta).
Y cuanto antes enganchemos al ciudadano, mejor. Oficialmente, la polimedicación va acompañada de la edad y el deterioro físico por culpa del cual se generan diversas dolencias que es preciso tratar de forma crónica. Pero el enorme negocio que se esconde detrás de esta práctica de hacer ingerir a la población medicinas como si fueran gominolas o caramelos de menta se siembra ya en la infanci

Reflexionando sobre esto podríamos llegar a conclusiones interesantes del porqué de la cruzada emprendida por la grandes industrias farmacéuticas con el apoyo de la OMS y otras instituciones públicas contra las nuevas "brujas". Es decir, contra todas aquellas personas que practican y aplican la medicina natural, la homeopatía y otras prácticas de salud alternativas que han demostrado su eficacia en no pocas ocasiones pero a las que se les sigue negando el pan y la sal, acusándoseles de superchería y "esoterismo" barato y a las que se fríe a leyes e impuestos para dificultar y, a la larga, aniquilar su actividad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario