Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

viernes, 15 de junio de 2018

La república mediocre

En la Feria del Libro de Madrid, el visitante puede encontrar distintos grupos de escritores o, mejor dicho, de escribidores dispuestos a estampar su firma en cada ejemplar vendido. Curiosamente, no suele ser el más abundante de esos grupos el compuesto por los escritores de verdad (la gente que escribe porque le va la vida en ello, porque necesita escribir igual que comer, dormir, hacer el amor o ir al retrete: porque es algo inherente a sí misma y sin lo cual su vida pierde mucho de su sentido) sino el que incluye a todo tipo de diletantes de las letras que publican por otros motivos.  No es la emoción interna lo que les mueve sino, generalmente, el dinero (creen que es fácil ganar dinero vendiendo libros..., ¡y en España!) o por prestigio personal (como si el hecho de poner tu opinión blanco sobre negro bastara para que le elevaran a uno a la categoría de "intelectual"). Ahí podemos incluir, entre otros especímenes, a los famosos televisivos de medio pelo, los profesores universitarios ávidos de hacer curriculum o los deportistas de nivel que aspiran a leer sus hagiografías aunque no hayan terminado su carrera, por ejemplo. También, a los políticos. Hay que ver la cantidad de árboles que son talados en balde cada año, sólo para generar el papel suficiente en el cual el político de turno pueda incluir -siempre muy seleccionados- los fragmentos de memoria que quiere publicitar o sus opiniones personales sobre los más variados temas que, por lo demás, ya son conocidas por su propia actividad pública... La inmensa mayoría de libros políticos son prescindibles y lo demuestra el hecho de que sus ediciones no soportan el paso de los años, a menudo ni siquiera el de los meses (la verdad es que pasa con la inmensa mayoría de libros, sin apellidos).


Por eso me ha sorprendido muy gratamente La república mediocre (Editorial Caligrama) de Diego Quintana de Uña, uno de los mejores libros sobre la materia que he leído desde hace años, entre otras cosas porque no se limita a analizar la teoría política, sino que la vincula con el sentido de la vida y con los grandes valores que parecen haber desaparecido hace mucho tiempo del día a día en nuestra decrépita sociedad contemporánea, echando mano de los grandes mitos, especialmente los de los antiguos griegos. Tengo que aclarar que conozco a Diego desde hace muchos años y que ya disfruté muchísimo con la obra que en la misma línea publicó en 2004: El síndrome de Epimeteo: Occidente, la cultura del olvido (Editorial Cuarto Propio). Entonces, analizó certeramente la decadencia occidental con la misma técnica. La novedad de su publicación actual, donde reaparece ese síndrome asociado al carácter decadente, epimeteico, de nuestra sociedad actual, radica en que se centra de manera especial en la política.

Para los recién llegados, aclaremos que Epimeteo es, por así decir, el hermano tonto de Prometeo, aquel titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos y que éstos lograran salir adelante en la creación. Los dos hermanos eran beneficiarios de nuestra especie, a la que tenían aprecio, pero por sus respectivas cualidades los efectos de sus actos fueron muy diferentes. El nombre de Prometeo  viene a significar, en griego, "pensamiento adelantado" y, de acuerdo con ello, era previsor, de inteligencia despejada, con gran ingenio y capaz de ayudar eficazmente a los hombres. Epimeteo, sin embargo, tiene el significado inverso: "pensamiento retrasado" porque tenía que reflexionar mucho sobre lo ocurrido y sólo entendía las cosas analizándolas a posteriori, era olvidadizo, cerril y poco despierto. Para entender la torpeza con la que se conducía Epimeteo, recordemos que se casó con Pandora, la de la famosa caja que contenía todos los males (en el mito original era un ánfora lo que destapaba, pero durante el Renacimiento se recreó esta historia adaptándola al mobiliario de la época: ¡ya nadie usaba las ánforas!). Como otros mitos de la antigüedad, los hermanos representan dos estados diferentes de la existencia humana, pues Prometeo se aproxima al espíritu vivo y dinámico mientras Epimeteo representa la materia bruta y lenta.

Ojo, La república mediocre no es un libro fácil de leer: son más de 600 páginas densamente maquetadas y con algunos pasajes exigentes para un lector poco instruido, pero aquéllos que acepten el reto de su lectura (y la posterior reflexión sobre lo leído) agradecerán la experiencia. Aprovecho para aclarar que la república a la que se refiere el título no tiene nada que ver con la segunda república española (lo de las publicaciones -ideologizadas, además- sobre la segunda república y la guerra civil de 1936/39 es un aburrimiento que supera incluso a las películas y series televisivas sobre este mismo tema) sino que se refiere a su sentido original, etimológico: la res publica (en latín, la cosa pública, el Estado, la administración ciudadana). Lo utiliza además en la mayor parte del libro como sinónimo de las democracias liberales contemporáneas. Y el adjetivo mediocre tiene que ver también con su significado literal, recogido por la Real Academia de la Lengua, "de calidad media o de poco mérito, tirando a malo", porque así es como el ciudadano europeo (el occidental) siente en este momento este tipo de régimen político bajo el cual nos conducimos todavía. 

Y digo todavía, porque soy de una opinión similar a la del autor respecto a la supervivencia del sistema en el que hoy vivimos, como refleja el primero de los sucesivos fragmentos del texto que incluyo a continuación, para que sirvan como aperitivo para los futuros lectores.


* "Mi percepción personal es que las democracias liberales no sobrevivirán al presente siglo XXI. Vivimos tiempos turbulentos y los estados nacionales no parecen sentirse lo suficientemente fuertes para afrontar las tensiones y los conflictos de esta actualidad tan cambiante (...) factores entrópicos parecen apuntar a una quiebra y una generalización de la demagogia con un punto final en la oclocracia, como previera la vieja teoría de la anaciclosis de Polibio." Aquí se refiere al viejo historiador griego que identificó las seis etapas políticas por las que según él atraviesa todo Estado en una evolución repetida hasta el infinito: comienza como monarquía, degenera a tiranía, continúa como aristocracia y sigue por este orden la oligarquía, la democracia y la olocracia o gobierno de la muchedumbre. Tras la crisis de esta última etapa, se volvería a la monarquía y comenzaría de nuevo el ciclo. Hemos hablado de todo esto no hace mucho en esta bitácora y hay una versión moderna que circula bastante por Internet últimamente que resume esta visión en cuatro etapas: 1) Los tiempos duros crean hombres fuertes. 2) Los hombres fuertes crean buenos tiempos. 3) Los buenos tiempos crean hombres débiles. 4) Los hombres débiles crean tiempos duros. Y vuelta a empezar. Parece bastante evidente en qué etapa nos encontramos en este momento.

* "El daño que algunos demócratas han hecho al sistema ha sido de consideración, al resaltar una y otra vez, y de mil maneras diferentes, que estamos abocados a aceptar la democracia por ser el menos malo de los regímenes políticos. Esta afirmación no es falsa ni verdadera, sino despectiva y miserable, y en estas consideraciones y otras semejantes suele latir el espíritu que los inspira, más propio del demócrata cínico que del demócrata republicano (se refiere al ciudadano verdaderamente preocupado por la administración pública y dispuesto a echar una mano para mantener su fortaleza) que hoy desgraciadamente hay que decir que es una rara especie en extinción (...) Si no se reactivan los engranajes y las estructuras de nuestras democracias, éstas mantendrán su caída libre hasta su declive definitivo. En la percepción actual que tienen los ciudadanos de sus democracias se manifiesta un notable desencanto y una decepción bastante generalizada por la política y también, como señala Pierre Rosanvallon, la constancia de los gobernados de que 'si bien nuestros regímenes son democráticos, no se gobierna democráticamente' (...) Ni se nos gobierna democráticamente, ni bien". 


Uno de los pocos puntos en los que disiento de Diego es su defensa a ultranza de la democracia como el mejor sistema político. Al lector habitual de este blog no le resultará extraña mi decepción personal con el sistema democrático ya que, aunque teóricamente es el estado político ideal, en la práctica jamás funcionará porque requiere un nivel de educación, compromiso, responsabilidad  y elevación moral del ciudadano medio que nunca ha estado (y, echando un vistazo a la Historia, me temo que nunca lo estará) a su alcance. El propio autor anota que "el mejor aval para una sociedad tolerante es la existencia de ciudadanos virtuosos, que son aquéllos que han profundizado en el conocimiento de sí mismos, luchado contra su pasiones y logrado fortalecer su carácter, adquiriendo la altura de miras necesaria para convivir con los demás en armonía. (...) es la filiación divina del hombre la que nos dota de dignidad." Desgraciadamente, carecemos de una masa crítica de esos ciudadanos. Por ello, sería mejor un gobierno de la aristocracia según la propuesta clásica de Platón en La República : es decir, de los aristos (los sobresalientes), personas sabias, justas y prudentes, que se encargaran de guiar al resto del pueblo, ubicado en un nivel inferior. El gran problema, por supuesto, es cómo se decide quién es lo bastante sabio, justo y prudente para integrar esta elìte.

* "La única lección que deberíamos aprender de una vez por todas es que la Historia nada enseña ni puede ser maestra de nada. Para Aristóteles, la Poesía era superior y más elevada que la Historia porque en tanto que ésta cuenta lo que ha sucedido, la Poesía es filosófica y apunta a lo que debería suceder (...) la poesía mítica enseña lo que le sucede al héroe que desafía el Cosmos ya que su Hybris es en este sentido transgresión y ruptura del equilibrio del universo, que ni siquiera los dioses pueden conculcar". Aquí apela a ir un paso más allá de la racionalidad material, del mero relato de hechos y de datos, que es en lo que se suele quedar la Historia, para apostar por las verdaderas profundidades del espíritu humano, que podemos rastrear mejor en sus sentimientos y sensaciones (Poesía) y en sus pensamientos íntimos (Filosofía). En ese sentido, los mitos nos enseñan lo que sucede cuando sus protagonistas rompen el orden, el equilibrio natural del mundo (el cosmos, en griego) por culpa de su desmesura (hybris) que se traduce en un descontrol de sí mismo con presencia de graves defectos como la soberbia o el orgullo. Así que de ahí sólo hay un paso más para percatarse de que la única salida pasa por trabajar sobre sí mismo ya que "nacemos con carencias originarias importantes, aunque portemos una potencia que, desarrollada, puede elevarnos a las alturas. El hombre en origen es un Epimeteo irredento, olvidadizo, torpe, superficial, débil e iluso, vive semidormido, cada cual en el mundo de sus sueños como sostenía Heráclito, y su situación personal respecto de la libertad es de hemidoulia o semiesclavitud como afirmaba el filósofo cínico Enamo. Por tanto, desde esta situación, la libertad sólo puede presentarse como una conquista que en rigor es personal e íntima (...) el resultado de una lucha interior, por lo que no todos los hombres pueden ser libres de igual manera y en el mismo grado."

Y ahí nos encontramos con uno de los principales tabúes de la democracia: la igualdad, uno de las mayores zanahorias jamás puestas ante las narices de la ciudadanía para conducirla hacia donde sus Amos desean. Ni siquiera en las democracias más avanzadas, o consideradas como tales, existe la igualdad (si acaso, la igualdad de oportunidades, aunque la mayoría de las veces desde un punto de vista meramente teórico) por dos razones. La primera es la insuficiente altura moral de muchos de los responsables del Estado en sus distintos niveles que, al alcanzar cierto grado de poder, caen en la corrupción personal y rompen esa igualdad de los ciudadanos, a menudo haciendo uso de bonitas palabras para disimularlo. Y la segunda y más importante, porque la Naturaleza es, por propia definición, antiigualitaria y exigente. Fija sus reglas y obliga a sus criaturas a competir de forma implacable de acuerdo con estas normas. La igualdad en la sociedad es como la objetividad en el periodismo:  uno debe ser lo más honesto posible y tender hacia ella, pero sabiendo que es un objetivo que jamás alcanzaremos.

* El mal uso del igualitarismo y de otros conceptos por el estilo por parte de demagogos e ideólogos disfrazados de demócratas impolutos conduce al desastre. Lo vemos hoy día con conductas como el "buenismo" o "buen rollismo" que conduce a una injusta tolerancia (como, por ejemplo, la que lleva a defender esos "derechos humanos" que tan imprescindibles parecen en el caso de homicidas o terroristas, pero que se olvidan para las personas que fueron asesinadas por ellos y a las que se privó para siempre de esos mismos derechos) asumida por muchas personas a las que les da miedo la crítica ajena y les horroriza pensar que alguien pueda acusarles de "fachas" o dictadores o, peor, descubrir sus propias fallas. Y, así: "vivimos en gran medida un sueño de falsa tolerancia porque se asienta en la irresponsable complicidad de tolerar lo intolerable para que los demás nos toleren también nuestros errores, nuestras faltas y nuestra propia depravación. Sólo desde este perspectiva es posible entender la tolerancia de las sociedades actuales con la corrupción y con la maldad." De esta manera, "pretendemos acercarnos a la perversidad con la curiosidad de los ojos del científico, lo cual ni aclara la negrura del corazón humano ni nos sirve como admonición para evitar la influencia que pudiera tener sobre nuestras vidas. Al final, lo único que conseguimos con esta actitud es familiarizarnos con la perversidad, como si ésta fuera o debiera ser normal e inevitable, para finalmente transigir con ella y a veces incluso para solidarizarnos y exculpar a los criminales y malhechores. Plutarco recogió la historia de un espartano que al escuchar acerca de la extraordinaria magnanimidad del rey Cratilo con los malvados exclamó: ¿cómo puede ser bueno un hombre que ni siquiera es severo con los malos?"


* En la misma línea hay que entender otras operaciones de imagen (en verdad, operaciones de mucho mayor calado) como la invasión demográfica que sufre Europa en los últimos años con el visto bueno de sus dirigentes políticos, denunciada desde hace años (a veces con un humor sorprendente como se puede observar en esta portada de Der Spiegel, una de las principales revistas alemanas, que ya en 2015 se mofaba como podemos ver aquí al lado del "buenismo" de su canciller federal). Respecto al creciente problema de la inmigración ilegal pero consentida, recuerda el autor lo evidente. Es decir, que "en las democracias occidentales hemos logrado un clima aceptable de convivencia democrática, fruto de una larga historia en la que hemos convenido no imponer ningún dogma a los demás, descartando las costumbres, creencias y ritos más irracionales y dañinos para la dignidad de nuestros semejantes. De ahí que nuestras sociedades sean el refugio de muchos seres humanos, que llegan a las sociedades democráticas sin embargo sin intentar comprender que han de aceptar nuestros usos y principios, como la tolerancia, porque son los únicos que permiten una mínima paz social. Es absurdo, como señala Amelia Valcárcel que una persona prefiera vivir aquí porque tiene condiciones de habitabilidad mayores y no quiera comprender que las tiene porque hemos roto grandes normas que él o ella se obstinan sin embargo en mantener (...) Escapas de tu sociedad porque es inhabitable y la quieres reproducir en otra parte. El respeto a la diversidad de culturas y a todo lo que es diferente no puede llevarnos al disparate de tener que aceptar la homofobia, la ablación o la esclavitud y subordinación de las mujeres que las culturas y religiones de muchos inmigrantes tratan de mantener a toda costa en nuestras sociedades democráticas." Es una advertencia más que se suma a la larga lista de avisos en contra de la multiculturalidad, un invento concebido básicamente para dinamitar la sociedad occidental.

* La república mediocre está llena de anhelos por un tipo de ciudadano capaz de responsabilizarse de su condición de tal, con capacidad para moderarse y controlarse a sí mismo, apto para el sacrificio de sí mismo y no dispuesto a refugiarse un día sí y otro día también "en el placer, entendido sobre todo como aturdimiento e irreflexión." Sin esta clase de personas, todo el sistema a la postre está en peligro puesto que "tantos riesgos como corrían los antiguos sobre cualquier hipotética pérdida de su libertad corren también los modernos, aunque no lo parezca, como es el riesgo de terminar renunciando del todo a la participación efectiva en la cosa pública (...) Una ciudadanía desafectada respecto de los asuntos públicos que se limita a votar y a pagar los impuestos en el mejor de los casos" no puede conducir a nada bueno puesto que "si fallan los órganos de control, y no basta con unas elecciones periódicas (...) se termina asentando y legitimando el dominio de las olgarquías (que no el de la aristocracia) y alejando cada vez más a la ciudadanía de los procesos reales del poder". Es muy clara la observación de Antoine de Saint-Exupéry, recogida por el autor, en el sentido de que "había que haber construido la Estatua de la responsabilidad en Nueva York, al lado de la Estatua de la libertad."

* El ensayo contiene un breve apéndice en el que el autor recoge lo que denomina "metarrelatos de la realidad": un resumen de las líneas principales de las teorías conspiratorias, que reparte en tres niveles. El más básico es el clásico, el de las sociedades secretas malvadas acechando para apoderarse del mundo. El nivel intermedio, que se ha puesto bastante de moda en los últimos años, incluye a grupos de alienígenas malvados que controlarían a esas sociedades secretas. Y el tercero, aún más allá, implica a los mismos dioses -o a entidades cósmicas tan poderosas como para ser consideradas así, en comparación con el ser humano- que manejarían a los alienígenas que manipularían a las sociedades secretas. Un enigma dentro de un interrogante envuelto por una incógnita en medio de un arcano misterio, como quien dice.  Cualquier día le presentaré a Mac Namara para que hablen largo y tendido porque uno de los párrafos del libro podría haber sido redactado por mi gato conspiranoico: "El miedo de esta élite mundial (que controla o aspira a controlar el mundo desde el anonimato) al crecimiento de la riqueza se basaría en que ésta facilita el aumento de la clase media culta, propicia la secularización de la sociedad, extiende la mentalidad crítica y generaliza el conocimiento y la información, todo lo cual dificultaría el control de las mentes necesario para mantener sometido al rebaño humano en la cárcel de frecuencias de la Matrix..." Lo que me recuerda el énfasis que en los últimos años están poniendo todo tipo de políticos, economistas y expertos internacionales en la "necesidad" de ir hacia el decrecimiento en lugar del crecimiento, en ahorrar de todo (energía, dinero, tiempo), en sustituir los actos reales por la impresión de hacer actos reales (desarrollo de las tecnologías virtuales) y, en general, en limitar las opciones y oportunidades de explorar el mundo a nuestro alrededor.


* La conclusión de Diego Quintana de Uña no puede ser, en apariencia, más desoladora: "Todo parece apuntar a que el futuro de la humanidad será tan oscuro y doloroso como sugieren estos metarrelatos, o tal vez peor porque la trágica deriva en la que consiste nuestra Historia, por las leyes de la estadística, no puede llevarnos a una conclusión diferente (...) la ignorancia sobre casi todo nos impide siempre diferenciar lo importante de lo accesorio, el bien del mal y en caso de conflicto algo elemental: tener una mínima certeza en caso necesario para distinguir a los buenos de los malos o a los malos de los perversos." No obstante, ¿alguna vez ha sido diferente? Entre los cuentos sin fundamento que se les repite a los homo sapiens una y otra vez, con especial insistencia en las últimas generaciones, figura esa leyenda azucarada de que tenemos derecho a ser felices (no que podemos ser felices sino que ¡tenemos derecho a ello! Nuestros ancestros deben partirse de risa cada vez que, desde el Otro Mundo, escuchan decir eso a alguno de nuestros contemporáneos), que lo ideal es vivir una existencia cómoda y sin sobresaltos, arropada por el entretenimiento y los placeres materiales... Pero los antiguos nos advirtieron de que Militia est vita hominis super terram o, lo que es lo mismo, La vida del hombre sobre la tierra es lucha. La frase está contenida en la versión bíblica de la Vulgata y subraya el Camino del Guerrero, del cual han hablado tantas tradiciones. Aunque, más que en el plano bélico, hay que entenderlo en el del aprendizaje. Tenemos la fortuna de estar matriculados en una de las mejores escuelas de humanidad del sistema solar: venimos a aprender humildad, compasión, coraje, amor y muchas otras cosas que, sin un cuerpo material y por tanto frágil, resultan inaprehensibles para nuestro ser.

Como apostilla el autor: "Los dioses hacen su trabajo y, si hemos de diferenciar sus promesas más fiables de las mas falaces, todo parece indicar que la primera piedra de toque para saberlo es el sufrimiento. En nuestro mundo-infierno no hay nada 'gratis et amore'. La moneda de pago en el universo es el dolor (...) el sufrimiento puede llevar al despertar y a forjar la conciencia, pero la mayoría de los héroes fracasan en su camino como le sucedió a Sísifo. Sin embargo, aquellos héroes, sabios y santos que lograron desarrollar su conciencia hasta llegar a la excelencia cumplieron estrictamente todos los requisitos establecidos para llegar a la iluminación con esfuerzo y aflicción, por lo que los dioses no pueden privarlos de esta ganancia imperecedera, al estar obligados por esas mismas leyes." 

He aquí la clave: el ser humano que ha logrado conquistarse a sí mismo, no puede ser desposeído de su triunfo, ni siquiera a manos del más poderoso de los dioses.




viernes, 8 de junio de 2018

Siete de diez (de bulo en bulo)

Esta misma semana me llegó a uno de los muchos grupos de WhatsApp a los que estoy esclavizado y que en este caso comparto con una veintena de personas un mensaje de un bienintencionado pero ingenuo conocido. En él se veía a un niño pequeño, dentro de su carrito, junto con el siguiente aviso: "Se lo acaban de robar a una mamá en Barcelona zona Reina María Cristina. Pásalo a todo el mundo!!!" Mi conocido añadía luego que se lo habían enviado pocos minutos antes y pedía máxima difusión para la imagen. Otro miembro del mismo grupo preguntó de inmediato si la noticia estaba confirmada o era un bulo y el primero contestó con un inocentón: "No sé. Me lo ha pasado un amigo de Barcelona hace cinco  minutos... No sé más." Diez minutos más tarde, y presa de un gran azoramiento, reconocía que sí, que era un bulo, adjuntando la imagen que encabeza este artículo, con el aviso de Policía Nacional. Irónicamente, la misma persona que había alarmado a todo el mundo sin pensárselo dos veces reenviando la foto, añadía a continuación este otro mensaje: "Que no os creáis esas mierdas si no son de fuentes oficiales, porque ayer secuestraron al mismo niño en Gran Canaria." Semejante comportamiento me recordó ese momento en el que alguien se acerca a ti, te hace gestos de complicidad y, en voz baja, te dice: "No se lo cuentes a nadie, porque es secreto y me han dicho que no lo divulgue, pero resulta que..." Es decir, lo que la sabiduría popular conoce como "una cosa es predicar y otra, dar trigo". Nadie debería tener el cuajo de pedir a los demás que no hagan lo que él personalmente está haciendo.

Por cierto, bulo es una palabra adecuada -y más breve que noticias falsas- para traducir el término anglosajón fake news, que tan de moda se ha puesto hoy por hoy. Siempre ha existido este tipo de engaños masivos que, cuando yo era un tierno infante en esta misma vida, tenía una variante muy conocida: el de las cadenas postales. Consistía en la llegada al buzón de tu casa de una carta anónima, sin remitente y casi siempre sin remitido también, en la que, mezclando un misticismo trasnochado con veladas amenazas alguien, que nunca quedaba claro quién era, te conminaba a actuar de una manera concreta -rezar no sé cuántos padrenuestros, visitar un número concreto de iglesias, hacer supuestos conjuros sencillos para convocar la buena suerte, etc- y luego además escribir copias para reenviar el mensaje a un mínimo de otras cinco, diez o quince personas porque, si no lo hacías, sufrirías una penalización. "Fulanito de tal hizo lo que decimos y a los tres días le tocó la Lotería. Menganito de tal hizo caso omiso y rompió la cadena y esa misma semana le echaron del trabajo"... A día de hoy, aunque el correo postal está en vías de -acelerada- extinción, este tipo de cadenas continúa, ahora a través de los dispositivos electrónicos, con casos como "reenvía este mensaje a diez contactos y optarás a un iPhone de última generación" o "esta vez es cierto: WhatsApp va a ser de pago a partir del mes que viene, avisa a todos tus conocidos", etc.

Resulta verdaderamente alarmante conocer que la mayor parte de las personas sigue tragándose éstos y otros bulos sin más problemas, pese a que este tipo de mensajes son cualquier cosa menos fiables: suelen ser anónimos y, si citan alguna fuente, no es fiable ni atribuible a un autor real, a menudo están pésimamente redactados y el contenido raya a veces lo grotesco. Hace pocos años, en 2009, la Asociación de Internautas elaboró un estudio sobre rumores y bulos en Internet cuya principal y pavorosa conclusión fue que ¡¡¡el 70 %!!! de los usuarios españoles de la red era incapaz de distinguir una noticia real de un rumor falso. ¿Nos damos cuenta de lo que significa ese porcentaje? ¡Siete de cada diez españoles es incapaz de distinguir la realidad informativa, de diferenciar una información verídica de un invento! ¿Como nos va a sorprender luego lo que sucede en España? Hablamos además de un porcentaje en crecimiento porque el año anterior el número de personas no preparadas para diferenciar los bulos era del 60 %. Me gustaría saber cuál es el porcentaje actual porque me da la impresión de que aquí no se escapa nadie. Yo mismo he caído más de una vez al creerme bulos que tenían una extraordinaria apariencia de verdad. Tenían el color de la leche, olían como la leche, sabían a leche..., pero eran agua coloreada de blanco.

No hace mucho tuvimos un auténtico master de bulos orquestado por los independentistas catalanes y sus palmeros a través de las redes sociales. La avalancha de imágenes falsificadas o mal atribuidas durante la tristemente famosa jornada del 1 de octubre de 2017 fue de tal calibre que hubo quien sugirió con cierta ironía la creación de un nuevo estilo musical para sustituir a la rumba catalana: la bulería catalana. Algunas imágenes eran fácilmente identificables como falsificaciones y buen ejemplo de ello es precisamente la reproducida aquí al lado -a la izquierda el bulo, a la derecha el original- con una estética muy a lo batalla de Iwo Jima. Por cierto que uno de los más activos difusores de estas falsedades es una persona muy relacionada con la música: el antes conocido como José María -hoy, Josep Maria- Mainat, ex integrante del grupo musical La Trinca y productor de cosas como Operación Triunfo (lo que tal vez explica por qué la última edición de este programa la ganó cierta empalagosa y pro independentista parejita, que fracasó de manera memorable en el festival de Eurovisión).

Las mentiras y manipulaciones a través de Internet y, lo que es más grave, de los supuestos medios informativos reales reconvertidos una vez más en vulgares pandilleros de la propaganda, florecieron mucho antes y siguen haciéndolo a día de hoy. Sin embargo, el 1 de octubre supuso un ejercicio de adulteración de la realidad que debería ser estudiado en cualquier Facultad de Ciencias de la Información digna de ese nombre. Entre las imágenes más compartidas para satanizar a los "malvados españoles" y sus "fuerzas de seguridad asesinas" figura la de un niño con la cabeza sangrando gracias a la brutalidad de tres adultos: la de los padres, que se lo llevaron con ellos para que "disfrutara" de la inseguridad de las movilizaciones callejeras y, sobre todo, la del agente que le dio con su porra. El pequeño detalle que se escapó a todos los que viralizaron esta imagen es que no fue tomada en 2017 sino en 2012, durante una carga policial en la huelga general del 
14-N y, más interesante aún, que quien golpeó al niño no fue un policía nacional ni un guardia civil sino un mosso d'Esquadra, es decir, un agente de la policía autonómica catalana. Aunque hoy los independentistas catalanes publiquen una y otra vez en sus medios y sus redes sociales que se enorgullecen de "su" policía autonómica, lo cierto es que se trata de uno de los cuerpos de seguridad con peor fama no ya de España sino de los países europeos occidentales, debido a los sucesivos casos de brutalidad policial, con muertes incluidas en algún caso, que han protagonizado en los últimos años. Fotos como las de este chaval herido se multiplicaron en las cuentas de Facebook, Twitter e Instagram de los independentistas catalanes, escandalizando a todos aquéllos que se dejaron escandalizar por no comprobar el verdadero origen de estas imágenes. Y para muestra, un par de botones más: un minero en Madrid herido en 2012 y una muchacha de Chile enfrentada a un antidisturbios de ese país durante una movilización del 11 de septiembre (Cataluña no es el único punto del mundo donde
 sucedieron cosas justo en esa fecha) se convirtieron en "patriotas" catalanes frente a la "brutalidad" española. En el segundo caso, tiene especial gravedad el hecho de que el individuo que distribuye la imagen es nada menos que Ramón Tremosa, un eurodiputado independentista catalán oficialmente adscrito al Partido Demócrata Europeo Catalán (el actual nombre de las huestes de Pujol, Mas y Puigdemont). Si el señor eurodiputado es capaz de mentir a su parroquia en redes sociales con una imagen tan fácilmente desmontable como la que publicó (antes de buscar en Google la imagen, no hay más que fijarse en el equipo que porta el antidisturbios y en sus rasgos indígenas para sospechar que la foto no fue tomada en España), podemos imaginar cuántas mentiras más
puede haber ofrecido sobre cosas más importantes y cómo de fiable puede ser este individuo en un cargo político... Pero mucha gente se tragó todas estas cosas, independentistas y no independentistas, porque ya hemos visto que siete de cada diez españoles (y tiendo a pensar que no sólo españoles, sino europeos en general porque el problema no es de este país sino de la sociedad occidental contemporánea) son incapaces de distinguir rumores falsos de noticias reales. Probablemente sean más. No hay más que ver la cantidad de tonterías que asaltan nuestros ojos en cuanto damos un pequeño paseo por cualquier red social...

La manipulación no se limita a hechos políticos puntuales. Así, existe una grosera adulteración de la realidad para "sensibilizar" a la sociedad hacia determinadas políticas o "maneras de ser" que son las que los Amos dictan como correctas y que deben ser seguidas por los obedientes borregos con vistas a asegurar la lealtad del rebaño aunque a la larga las consecuencias de esa manera de actuar conlleven la destrucción de su ecosistema ganadero. Como sucede por ejemplo con los empleados de grandes centros comerciales que trabajan como cajeros y a los que los jefes les obligan a enseñar a los clientes cómo pagar ellos mismos sin necesidad de cajeros..., para el día de mañana poder echar a los empleados tranquilamente. Véase el caso
de un joven senegalés llamado Abdou Diouf que fue subiendo a su cuenta de Instagram diversos selfies de su peligroso viaje hacia el "rico y próspero" Occidente. Desde Senegal llega a Marruecos en un camión. Luego cruza el Estrecho en una patera. Alcanza las costas españolas y huye de la Policía junto con sus compañeros hasta que por fin logra llegar a su destino en una ciudad española. Muchos usuarios de Instagram siguieron las peripecias de este hombre y dejaron comentarios animándole a llegar o bien invitándole a volverse a su casa. Varios periodistas se fijaron en el perfil y empezaron a seguir también aquella dramática carrera hacia el "sueño español". Algunas de las imágenes son interesantes y de indudable atractivo periodístico...

Qué lástima que sea todo mentira. Otra mentira de las redes sociales. 

En realidad Abdou Diouf nunca existió. Bueno, sí: existe una persona llamada así, que es el actual secretario general de la Organización Internacional de la Francofonía aunque ocupó cargos más importantes como primer ministro de Senegal y también como presidente, sucediendo nada menos que a Leopold Sedar Senghor, el primer presidente de este país africano y uno de los grandes líderes de las independencias negras durante los años sesenta. Pero la ironía de utilizar el nombre de un presidente de Senegal para llamar a un inmigrante fantasma está fuera del alcance de la inmensa mayoría de usuarios de las redes sociales que, a día de hoy, saben más sobre las dinastías Stark y Targaryen o sobre cuántas ciudades norteamericanas cuentan con equipos de CSI que sobre historia y geografía del planeta Tierra. Y eso que disponen de acceso a más información que cualquier persona común en cualquier otra época de la humanidad, aunque parece que no saben (ni suele interesarles) utilizarla. También podría haber llamado la atención el hecho de que alguien que se está jugando la vida en un viaje de este tipo no debe tener muchas ganas para andar jugueteando en Instagram, posando de sonrisa en sonrisa. Y posiblemente ni siquiera tenga un teléfono que le permita hacer eso, visto que es tan pobre que tiene que emigrar de esa manera tan peligrosa...

El caso es que el simpático y osado inmigrante ilegal que aparece en las imágenes era un actor de una campaña publicitaria para promocionar el festival de fotografía Getxophoto. Con la justificación de que "Occidente no sabe lo mal que lo está pasando esta gente y etc.", este certamen aceptó la idea de unos estudios creativos para lanzar una campaña en la que según reconocieron los autores de la misma en una entrevista "buscábamos esa contradicción de la veracidad ya que fuera del marco de la imagen cada uno puede crear su propia ficción". Y la ficción se rodó en 30 kilómetros a la redonda alrededor de Barcelona, en un sólo día, con un solo teléfono e introduciendo "unas pequeñas trampas" para que la gente se creyera que el periplo era cierto, incluyendo el envío del perfil a los periodistas antes citados para que se interesaran por la historia, sin contarles que era mentira.  

Siete de cada diez.

También en relación con la inmigración ilegal pero desde otro punto de vista más dramático, una foto muy famosa y distribuida hasta la náusea (precisamente para favorecer las políticas de inmigración masiva hacia los países de la Unión Europea) en la modalidad que podemos ver aquí o en otros ángulos, tanto en los informativos televisivos como en los medios de papel o digitales, fue la del niño sirio de tres años Aylan Kurdi. Murió ahogado junto a su hermano de cinco años y su madre, además de otra docena de inmigrantes sirios que trataban de alcanzar Grecia a bordo de dos botes, y su cuerpo apareció luego en una playa turística cerca de la ciudad de Bodrum. Se publicaron muchos dibujos de homenaje, tanto de humoristas gráficos conocidos como de gente anónima, se hicieron varias esculturas gigantes de arena con su imagen, el grupo U2 (Bono es un asiduo a este tipo de cosas) modificó una de sus canciones para rendirle homenaje... Hasta tiene su propia entrada en una 
de las enciclopedias menos fiables del mundo y, sin embargo, de las más consultadas: la Wikipedia... ¡Qué distinto tratamiento tuvo esta otra foto adjunta, que fue prácticamente vetada en los grandes medios de comunicación (y en los pequeños) y contra cuya distribución se pronunciaron agria y abundantemente los mismos que habían reproducido hasta la extenuación la del pobre Aylan! En este caso se trata de una niña muerta, cubierta por una manta térmica, junto a su muñeca. Las redes sociales se poblaron, de pronto, de una auténtica muchedumbre de "almas sensibles" que exigían retirar la imagen por respeto para la familia de la niña, cuyo nombre ignoramos y a la que no se ve en ningún momento, no como en el caso de Aylan, de cuyo cuerpecito fueron distribuidas varias tomas diferentes. En este caso se trata de una de las víctimas del atentado islamista de Niza, un año después del naufragio de Turquía, cuando un tunecino conduciendo un camión de carga de 19 toneladas mató a 85 personas e hirió a más de 300 que se habían congregado en esta ciudad de la Costa Azul durante los festejos del Día Nacional de Francia. La clave es la misma que en el naufragio turco, pero a la inversa: el autor del atentado era un inmigrante musulmán y, de la misma forma que en un caso se podía y se debía airear por doquier las "malvadas" políticas de la "insolidaria" Europa, ahora tocaba ocultar a las víctimas para disimular en la medida de lo posible este nuevo fracaso de la llamada multiculturalidad. Por cierto que dos de mis colegas en la Universidad de Dios podían haber fallecido allí, porque tenían intención de pasar el día precisamente en la zona donde se produjo el atentado. Para su fortuna, había tanta gente que decidieron irse..., y así salvaron su vida.



Este artículo podría ser mucho más largo. Podría ser incluso un libro. Así que vamos a terminarlo aquí con otro caso muy conocido de manipulación y, el que quiera más, que bucee en Internet. Esta vez se trata de la famosa niña que sufre por culpa de la guerra y quiere ahorrar los horrores del mundo a su muñeca, tapándole los ojos. Esta historia es hasta divertida, en realidad. Aunque se ha ubicado a la pequeña reiteradamente en diversos escenarios bélicos, sobre todo en Siria o en los territorios palestinos, y su imagen ha sido compartida cientos de miles de veces durante los últimos años por gentes que se sienten compasivas, sensibles y muy buenas personas por el mero hecho de viralizar fotos así, resulta que la niña vive en la zona de Bursa en Turquía y nunca ha padecido los horrores de la guerra. La fotografió un compatriota suyo llamado Fatih Özenbaş en el año 2007, cuando ella sólo tenía dos años, como parte de un reportaje fotográfico sobre la pobreza en su país. Pero la verdadera historia de esta imagen sólo se ha conocido en los últimos años, a partir de 2014, según ha declarado el propio fotógrafo en algunas entrevistas, muy sorprendido de que casi a diario le contacte alguien para preguntarle por el paradero de la muchacha. Según Özenbaş, españoles,  argentinos e italianos son los principales interesados por saber más acerca de ella. Ahora bien, la verdadera razón de que tape los ojos a la muñeca 
es, de acuerdo con su relato, que aunque la niña era muy pequeña comprendió que iban a hacerle a una fotografía y no quiso que su muñeca, sucia, vieja y con los ojos estrábicos saliera en la imagen. Es decir: en realidad no le estaba tapando los ojos sino toda la cara, seguramente porque se avergonzaba de tener un juguete tan deteriorado. El fotógrafo que la inmortalizó nunca ha sido reportero de guerra, sino que se ha dedicado a tomar imágenes de la naturaleza para medios como National Geographic. Sus fotos tuvieron tanto 
éxito que, poco después, le regaló una muñeca nueva a Zeliha y, con el tiempo, se hizo amigo de su familia e incluso se convirtió en una especie de padrino para ella llevándole ropa y comida regularmente. El aspecto actual de la niña, que tiene ya 13 años, no tiene mucho que ver con el que ofrecía cuando fue fotografiada por primera vez, como se puede apreciar en la imagen adyacente.

Visto todo lo cual, creo que esta vez no hace falta llamar a Mac Namara para sacar conclusiones acerca de la credibilidad que podemos dar, en líneas generales, al enorme volumen de información que nos anega a diario. Sólo tenemos una defensa: nuestra racionalidad, aplicada desde un alto nivel de vigilia. Y sólo podemos ejercerla desde un autodominio mental difícil de alcanzar y aún más de mantener pero imprescindible si aspiramos a salvar nuestro pellejo. 

No me resisto a una última imagen que simboliza todo lo anterior: la diferencia entre hacerle un mal gesto a la prensa o confirmarle, orgullosamente, que ya tienes tres hijos, depende sólo del ángulo de la foto...












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viernes, 1 de junio de 2018

Rendición

Mira que llega a cansarme la teleserie El circo español, aunque tengo que reconocer que últimamente hemos tenido algunos capítulos bastante entretenidos. En las últimas horas (y quizá porque a estas alturas del curso empiezo a estar tan agotado que en lugar de seguir saltando vallas me limito a embestirlas con la mirada fija en la línea de meta) me he dejado llevar por el último giro argumental que nos han planteado los guionistas que la escriben, en esos despachos tan alejados de España, porque ya tiene mérito haber conseguido "resucitar" al patético antagonista del no menos patético protagonista para sustituir a uno por otro y mantener la tensión de la trama principal. Así que en ésas estaba, viendo en la caja tonta la actuación de la colección de botarates que se supone forman la crème de la crème de la política española, cuando apareció por el salón del apartamento mi gato Mac Namara al que, la verdad, hacía tiempo que no veía.

Yo achacaba su ausencia a que estaba haciendo mejor las cosas en mis clases de la Universidad de Dios, porque la verdad es que siempre he sospechado que es un infiltrado de mi tutor el Gran Thoth para evaluarme cuando bajo la guardia y pasarle informes sobre mis progresos reales. "Si no aparece por casa para darme la charla, es que algo estoy mejorando", me decía a mí mismo. No sé si estaba muy acertado porque la mirada que me echó después de verme tan entretenido viendo la televisión me pareció de suspenso en el examen. 

- Parece mentira que con todo lo que sabes sigas perdiendo el tiempo con las aventuras de semejantes papanatas -me reprochó entonces, sin anestesia ni nada- Están pasando cosas graves en el mundo en general y en Europa en particular, que requieren tu atención mucho más que la pantomima a la que te has aficionado.

- Ya lo sé, Mac..., pero no me des la brasa que el culebrón está muy interesante  ahora mismo -le contesté, tratando de no dar mayor importancia a sus recriminaciones-. Mira, incluye varias tramas en plan 'crossover' con la otra teleserie de moda, la de 'Pasión de catalanes'.

- ¿Te has leído por lo menos los libros que te recomendé?

- Acabo de terminar el de Houellebecq -asentí.

Hace ahora tres años el autor francés Michel Houellebecq publicó la novela a la que se refería mi gato conspiranoico: Sumisión, que fue recibida con sordina y temor por muchos críticos occidentales a pesar de plantear una hipótesis cada día más próxima a la realidad (o quizá precisamente por ello). Es una crónica de la destrucción de la identidad occidental europea por culpa de la invasión demográfica del Tercer Mundo y, especialmente, la de carácter musulmán. El título sintetiza lo que ocurre en este libro, pero también es la traducción a nuestro idioma del término islam. Hace algunos años leí una explicación, concisa pero muy clara, acerca del significado real del nombre de esta religión, firmada por un experto de origen caldeo/iraquí. Aunque en los últimos años se ha puesto de moda, por aquello de la alianza de civilizaciones y otros conceptos falsamente buenistas, decir que islam significa paz porque ambas palabras tienen la misma raíz gramatical en árabe -salm-, la verdad es que no significan lo mismo. Para entenderlo bien, pensemos que, en español, una cosa es un banco para sentarse en él, un asiento, y otra muy diferente es un banco de manejar dinero, una institución financiera. Y no es que tengan la misma raíz, es que se escriben y pronuncian exactamente igual.

En realidad, islam deriva de otra palabra árabe, muslim, que significa textualmente "el que se somete". Según explicaba el erudito iraquí, Mahoma y sus seguidores no empezaron a ser llamados musulmanes hasta bastantes años después de la aparición del arcángel Gabriel al profeta y el comienzo de las predicaciones en el 610. Esta denominación se extendió más bien a partir del 624, cuando comenzaron los enfrentamientos con otros jefes tribales y la conquista de territorios para la nueva fe, buscando la conversión  por las buenas..., o por las malas. Antes de atacarles, Mahoma enviaba mensajes a sus enemigos para que depusieran la actitud inamistosa y se unieran a su causa, que terminaban siempre con la misma despedida: Aslem Taslman, palabras que también proceden del mismo salm y que se traducen como "Rendíos y os salvaréis"Cualquiera que haya leído con cierta reflexión y un mínimo de discernimiento religioso el Corán conoce qué tipo de sumisión requiere Alá (y, ya que estamos, así entre nosotros diré que es un dios sospechosamente similar en su forma de actuar a la vecina divinidad de los judíos: tan indulgente y misericordioso con aquéllos que se pliegan a sus deseos pero tan belicoso, inflexible e incluso cruel con los que no lo hacen).

Dicho lo cual, el texto de Houellebecq se presenta en teoría como perteneciente al género de ciencia ficción o, mejor dicho, de literatura prospectiva. Nos sitúa en Francia literalmente el día de mañana, en 2022 -que, aunque no lo parezca, está a sólo 4 años de distancia-, para contar la historia de François, un profesor universitario. Se trata del prototipo de intelectual europeo de mediana edad, hastiado de sí mismo debido a su vulgaridad personal, su carencia de sentido de la trascendencia y el afán por centrar sus días en el único horizonte de abrazar la comodidad y la seguridad -y si es posible, también el dinero y la reputación profesional-, por más que ello devenga en un aburrimiento existencial insoportable. Su único mérito es ser un especialista en la obra de Joris Karl Huysmans, un escritor francés del siglo XIX hoy prácticamente olvidado pese a que en su época tuvo cierta repercusión. En el momento de comenzar la novela, los partidos tradicionales han alcanzado el grado supremo de desprestigio por la corrupción e ineficacia de sus líderes y la población musulmana (por efecto de la inmigración extranjera, básicamente) ha crecido tanto que resulta determinante en la balanza de las inmediatas elecciones presidenciales. De hecho, las dos únicas opciones de victoria en estos comicios son las representadas, por un lado, por los ultranacionalistas de Marine Le Pen y, por otro lado, por un partido islámico moderado llamado Fraternidad Musulmana encabezado por Mohammed Ben Abbes, hombre inteligente, con carisma y aparente bonhomía.

La creciente presencia de musulmanes en la Francia descrita por Houellebecq, donde se mezclan personajes reales y ficticios -pero verídicos-, es agobiante: lo políticamente correcto toca cada vez más aspectos de la vida pública y privada de los supuestamente libres ciudadanos franceses (La libertad guiando al pueblo decidió largarse de la capital gala tiempo atrás), por no mencionar los atentados que se producen regularmente y que la gente no quiere ni mencionar mirando para otro lado cuando se producen y asumiéndolos como algo "normal". La misma novia de François, de origen judío, decide irse a vivir a Israel ante el enrarecimiento de la situación en Eurabia, como diría Oriana Fallaci (por cierto que resulta muy interesante volver a ojear, hoy día, algunos de los textos en los que esta periodista italiana hablaba de todo esto, especialmente sus libros La rabia y el orgullo y La fuerza de la razón). 

Como tantos otros franceses y europeos, François es consciente de la invasión pero no quiere creer en ella (le da miedo lo que puedan decir de él si expresa sus temores en público y, además, es demasiado cobarde para defender el sistema en el que vive) y prefiere seguir la política del avestruz... Hasta que Ben Abbes gana las elecciones presidenciales en segunda vuelta, ya que los partidos políticos tradicionales, especialmente los de izquierda, prefieren apoyar a un "moderado" que a una "extremista". Una vez en el gobierno, Fraternidad Musulmana comienza a hacer cambios como la anulación del derecho de igualdad entre hombres y mujeres y la instauración de la poligamia, encaminando al país hacia su reconversión en estado islámico. Una de las medidas que toma es la privatización de la universidad de París III en la que trabaja el protagonista, que pasa a ser una universidad islámica. Sin embargo, el objetivo de Ben Abbes es más ambicioso que poner toda Francia a los pies de Alá. Lo que desea en realidad es convertir la Unión Europea en una especie de nuevo sacro imperio, pero no romano y germánico como el de Carlomagno, sino islámico y afrancesado y dirigido por él mismo.

El final de la novela es desolador, porque François hace honor a la trayectoria vital que ha mostrado en las páginas anteriores -en lugar de a la tradición heroica de la Vieja Europa- y se rinde sin pensárselo mucho cuando uno de sus antiguos mentores, ya plegado al nuevo poderío musulmán, le propone elevar su rango en la nueva universidad islámica, con un trabajo de prestigio, muy bien pagado, y varias mujeres a su disposición. Por supuesto, tendrá que convertirse al islam. François se entrega con armas y bagajes. ¿Es posible algo así en la realidad? ¿Una Francia islámica a corto plazo? ¿Una Europa islámica? ¿Con todo lo que eso significa? Según Mac Namara, no sólo es posible sino que ya está ocurriendo ante la indiferencia general y, en su opinión, el resultado "no será bueno". Él cree, además, que la responsabilidad de que esté sucediendo hay que buscarla, más que fuera de la propia Europa, dentro de ella...


De hecho, el propio Houellebecq declaraba en una entrevista poco después de la publicación de su novela que, tras vivir diez años fuera de Francia, al volver "me impresionó el desprecio total de los franceses por sus élites dirigentes y mediáticas" y constató además que "quizá el periodismo sea la única profesión más despreciada que la de los políticos. Hay que decir que la situación es relativamente alucinante." Entre otras cosas, está "la cuestión de la libertad de expresión, que me concierne. Esa libertad la hemos perdido. Cuando yo era adolescente, en los años setenta, había más cosas permitidas. En la actualidad, el debate de ideas se limita a la detección de los derrapes. Una vez que el derrape ha sido cometido, el responsable puede disculparse; a eso se limitan sus derechos." Incluso llegaba a hablar en esa entrevista del "asesinato" de Francia, cometido "por nuestras clases dirigentes" con escándalos políticos monumentales -aunque los ciudadanos, tan dormidos como están, nunca se percatan de ellos- como el referéndum de 2005 sobre la Constitución europea. Houellebecq recuerda que "los franceses votaron claramente por el no. Y semanas más tarde el Gobierno lo hizo aprobar por vía parlamentaria. Es un desprecio muy claro a la democracia. Así que la hostilidad de la gente contra los dirigentes es muy fuerte, y eso en un momento de crisis económica y desempleo alto".  

Hablando de esa pérdida de la libertad de expresión, uno de los principales valores civiles que Europa ha dado al mundo, Mac Namara me recuerda que en la misma época en la que se publicó Sumisión se produjo otro gran escándalo público: el de las agresiones sexuales masivas cometidas por bandas de musulmanes en varios países europeos durante los últimos años, silenciadas por los medios de comunicación "serios" a instancias de las autoridades de sus propios países con la excusa de no incitar la islamofobia contra los inmigrantes en, al menos, Suecia, Austria, Finlandia y Suiza. 

- Como sabes -insiste mi gato conspiranoico-, la situación explotó finalmente durante la Nochevieja de 2015 para 2016, cuando esta "ola de enriquecimiento cultural" alcanzó a Alemania, con violaciones y agresiones múltiples en, al menos, Colonia, Berlín, Düsseldorf, Frankfurt, Hamburgo, Stuttgart y Bielefeld. El propio jefe de policía de Colonia, Wolfgang Albers, fue suspendido del cargo y llevado a situación de "retiro provisional" por atreverse a decir en voz alta a los periodistas lo que todo el mundo sabía en la ciudad pero que la siniestra Merkel y sus secuaces querían seguir ocultando.  

- ¿La siniestra Merkel? No la tienes mucho aprecio -bromeé...


- Algún día te hablaré de las muchas sombras de la señora Kasner, que es su verdadero apellido. En Alemania, las mujeres toman el apellido del marido y ella se casó con un físico llamado Ulrich Merkel..., aunque luego se divorció y se casó con un químico con el nombre de Joachim Sauer, que a día de hoy sigue siendo su marido, pero ella mantuvo el apellido Merkel. Después de todo, era su nombre "artístico" por el cual ya le conocía todo el mundo. Además, 'Sauer' significa 'agrio' en alemán. Pero volviendo al tema de la libertad de expresión y la ocultación sistemática de informaciones "poco" correctas, hay un caso aún peor en el Reino Unido, los territorios de esa otrora gran defensora de las libertades llamada Inglaterra, o eso dice su propaganda, que cada vez se parece más a la caricatura de país descrito en la obra de Alan Moore y David Lloyd 'V de vendetta'...

Al pedirle explicaciones, Mac Namara me facilitó detalles de una historia que yo recordaba haber visto por encima en algunos informativos de televisión, pero que no tuvo excesiva repercusión en los medios españoles en particular ni en los europeos en general, porque desapareció con rapidez de los titulares. Con excesiva rapidez. A medida que mi gato conspiranoico me contaba al respecto se me fue poniendo la piel de gallina. Me relató lo sucedido con las bandas de violadores paquistaníes que durante muchos años, al menos durante 16 años entre 1997 y 2013, agredieron sexualmente a unas 1.500 niñas (algunas fuentes creen que el número real se acerca a las 2.000), algunas de ellas de sólo 11 años, y también a algunos niños, en la localidad de Rotherham, en South Yorkshire, muy cerca de Sheffield. Atraídas con regalos, eran drogadas, alcoholizadas, violadas y luego forzadas a prostituirse. En domicilios particulares, en parques, en garajes, incluso en atrios de iglesias..., los vecinos pronto tuvieron conocimiento de lo que estaba pasando pero las autoridades municipales, del partido Laborista -que gana allí desde los años setenta- y la policía local taparon lo que estaba ocurriendo con la misma estúpida excusa de "no alentar la islamofobia" y que nadie les acusara de racistas por denunciar el fracaso del modelo multicultural que las elìtes comunitarias llevan tanto tiempo intentando imponernos a los europeos.

Una mujer de mediana edad y madre de tres hijos, Jayne Senior, empleada en los servicios sociales locales, fue la única valiente capaz de ir recopilando a partir de 1999 la información necesaria y contrastada para elaborar un informe que sacara a la luz este drama. En 2002 sus superiores en el Ayuntamiento le confiscaron todos los documentos que había ido recogiendo y la degradaron por haberse atrevido a acudir a la policía municipal a contar lo que estaba ocurriendo -policía que no la creyó o directamente no la hizo caso-. Pero ella no se arredró y, en 2008, con la ayuda de un agente más joven y mucho más humano que sus colegas, logró acceder al sistema de información de la policía nacional y, en 2010, sus esfuerzos se vieron recompensados con la condena de los primeros cinco paquistaníes por sus agresiones sexuales sobre cuatro niñas, algunas de 12 años de edad. Finalmente, en 2012, un periodista de The Times publicó una historia más detallada y reveló al mundo -y a los propios británicos- las miserias de este caso repugnante que ya lleva varios juicios y una veintena de sinvergüenzas encarcelados..., y eso sólo con los casos de 133 niños.


Aunque la prensa británica ha descrito a estos criminales como "bandas de delincuentes asiáticos", los condenados son todos paquistaníes musulmanes y de hecho en el último de los fallos judiciales los condenados escucharon la sentencia en el juzgado de Sheffield en actitud desafiante y con gritos de Ala Akbar -Alá es grande-. Aún más, en los últimos años se ha confirmado que lo de Rotherham se ha repetido en otras localidades británicas como Bradford, Blackburn, Oldham, Derby, Rodchale..., siempre con bandas de paquistaníes musulmanes como despreciables protagonistas. El escritor irlandés Peter McLoughlin publicó Easy Meat (Carne fácil) hace un par de años para explicar que estos hechos están ocurriendo en realidad desde hace al menos treinta años y en muchas más ciudades de las que hasta ahora se ha conocido. Ésa es, en su opinión, la razón de que a día de hoy todavía no haya estadísticas oficiales sobre lo sucedido, porque el escándalo público podría alcanzar cotas estratosféricas ya que, como explicaba en una entrevista "no hay ninguna razón para pensar que esta trama musulmana de abusos sexuales haya detenido sus actividades en el Reino Unido y ningún periodista con cierto peso mediático ha reconocido lo que han tenido que sufrir cuatro generaciones de niñas abandonadas por la sociedad en manos de bandas de depredadores sexuales". McLoughlin recordaba que el islam "tiene una historia de esclavitud sexual desde los tiempos del profeta Mahoma. El Corán autoriza a los hombres a tener sexo con sus mujeres y también con esclavas" y así es como son vistas estas niñas que en ningún caso adquieren para sus captores categoría de novias y mucho menos de esposas. Son esclavas sexuales que según algunos informes publicados en la época del gobierno de David Cameron reportan cerca de 200.000 libras al año por niña a las mafias de la prostitución, en un negocio aún más rentable que el tráfico de drogas. Lo más grave es que "todos los profesionales pagados por el Estado que durante años ignoraron y taparon los hechos siguen en sus puestos".

Hay informes policiales tan asombrosos como repulsivos, como el de una niña de 13 años que a las tres de la mañana estaba en una casa, literalmente emborrachada con vodka, con la ropa rasgada y rodeada por un grupo de "asiáticos" dispuestos a "disfrutarla". Sus gritos alertaron a un vecino y él llamó a los agentes que, cuando se presentaron en la zona, se llevaron a la niña regañándola por su borrachera..., sin decir absolutamente nada a las hienas humanas que aquella noche se quedaron sin su ración de carne fácil.

- ¿Y hoy? ¿No se está haciendo nada al respecto, ahora que se sabe públicamente lo que ha ocurrido? -pregunto con inquietud a Mac Namara.

Recuerda lo que dice McLoughlin respecto a que todos los que debían intervenir y no lo hicieron y siguen tan tranquilos en sus puestos... O incluso más arriba todavía. Mira a la actual primera ministra británica, Theresa May, que era ministra del Interior desde 201o. En 2014, siendo todavía responsable de Interior, no se le cayó la cara de vergüenza al declarar públicamente en el Parlamento británico que la culpa de lo que había pasado en Rotherham era de "la corrección política institucionalizada" porque "muchas víctimas sufrieron la injusticia de ver sus gritos de ayuda ignorados". No sé cómo calificar esto... Aunque ha sido criticada por el islamismo radical en algunas ocasiones, no se puede decir que sea una gran enemiga del islam y la prueba la tienes en que hace poco ha decapitado políticamente a su hasta ahora ministra del Interior, Amber Rudd, que oficialmente ha dimitido. Lo ha hecho porque Rudd le comunicó el pasado mes de abril su intención de deportar un 10 % más de inmigrantes ilegales en los próximos años. Resultado: May ha nombrado como sucesor de Rudd a Sajid Javid, un señor de ascendencia..., paquistaní. Y que, para redondear el sarcasmo, tenía hasta este momento el cargo de secretario de Estado para Comunidades y Gobierno Local del Reino Unido.

Me quedo tan impactado con todo esto que sólo se me ocurre decirle a mi gato conspiranoico que no tengo nada que ver con Theresa May.   

- Se apellida como yo, pero mi May es de origen alemán. Ni soy familia suya, ni quiero serlo, que conste... ¡Menuda elementa!


- Como Ángela, es de las que tiene sombras alargadas a sus espaldas y, también como ella, es de las que se cambia el nombre, porque May no es su apellido original -ante mi sorpresa, me aclara:- En el Reino Unido la mujer también asume el apellido del marido al casarse. Su verdadero nombre es Theresa Brasier, sí, créelo, Teresa Sostén, si lo traduces al español... Lo que pasa es que se casó con el financiero Philip John May y se cambió el apellido por otro más bonito. 

Mac Namara y yo estuvimos hablando hasta bien entrada la madrugada sobre este tema. Me contó algunas cosas aún más interesantes..., y lo bastante peligrosas como para no explicarlas en público, aunque no me resisto a apuntar aquí una de las ecuaciones que me detalló. Dice: (convence a los europeos de que tener niños es molesto y caro) + (dificulta la posibilidad de que tengan descendencia, incrementando el nivel de vida y multiplicando las distracciones y diversiones en las que gastar el dinero fuera de la familia, de forma que sea obligatorio el trabajo de los dos miembros de la pareja para lograr salir adelante) + (ridiculiza y destruye sus tradiciones nacionales y fomenta la servidumbre a instituciones mundiales) = (justificación para sustituir a la población europea original por una mezcolanza de gentes carentes de su herencia civilizatoria cuando se produzca la obvia crisis demográfica). Algunas consecuencias de esta ecuación las estamos viendo ya en las ciudades europeas donde han aparecido las primeras No go zones: barrios enteros donde más te vale no entrar si eres un europeo original. No es lo peor que vamos a ver en los próximos años, pero es un paso más hacia la rendición definitiva de Europa que buscan los impulsores de la actual situación. Esa rendición supondrá, de producirse, la desaparición definitiva de los europeos originales, en mucho menos tiempo de lo que podría imaginarse.

- ¿Quiénes son los responsables de esto? -le pregunté a Mac Namara.

Me lo contó también, por supuesto. Pero eso forma parte de las revelaciones peligrosas. Sólo anotaré ahora un nombre relacionado con el meollo de la cuestión: Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi. Oficialmente ha pasado a la historia como un ferviente europeísta, partidario de la paz. Oficialmente.