Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

viernes, 3 de febrero de 2017

El héroe y la excelencia

La primera vez que leí, hace muchos años, acerca de la expresión Ordo ob Chaos (Orden o Caos) supe que la conocía desde hacía mucho tiempo, incluso desde antes de esta reencarnación. Ojo, no confundir con Ordo ab Chaos (Orden desde el Caos), divisa actual del -oficialmente- más alto grado de cierta discreta sociedad, cuyo mensaje es radicalmente diferente. Mientras el primero resume en tres palabras la Guerra Cósmica gracias a la cual se mantiene en marcha el universo a través del interminable enfrentamiento entre los dos Polos, el segundo codifica el plan maestro de los actuales dueños de esa sociedad, sobre el cual Mac Namara me ha contado distintos flecos en los últimos años. Un plan que incluye el desencadenamiento de un caos artificial e inducido, pero de tal calibre que desatará un pánico terrible entre la gente común de todo el planeta. Será esa propia gente, a la que en tiempos normales no podría imponérsele el plan, la que, atemorizada, irá a postrarse a los pies de los Amos -sin saber que ellos han sido los causantes del miedo, naturalmente- para rogarles que impongan un nuevo orden que les "proteja" y les quite el susto del cuerpo. Vivan las "caenas"...

 Orden o Caos es otra cosa. Es el resumen del Gran Pulso y la oportunidad de elegir en qué bando quiere estar uno. Y es necesario elegir. En contra de la opinión imperante en nuestra actual sociedad, donde se nos vende como ideal la actitud de innumerables advenedizos expertos en el arte de nadar a dos aguas sin tomar partido por un lado ni por otro -equidistancia: cuánto se abusa a diario de esta palabra- es preciso tomar la iniciativa y escoger nuestra posición. Y luego ser consecuentes y defenderla, por supuesto, afrontando con gallardía las consecuencias de nuestra elección. No importa tanto que esa posición nos lleve a uno u otro lado de la balanza, pero el que aspira a apoderarse del Vellocino de Oro no puede quedarse en el medio, agarrado al fiel y sumido en la duda. En cierto pasaje neotestamentario, Jesús el Cristo lo explica muy bien: lo mejor es estar en el lado bueno (Orden) pero lo peor no es escoger el lado malo (Caos) pues quien se ha ido allí todavía puede ser recuperado para el platillo correcto de la balanza (al fin y a la postre, los extremos se tocan y, en un círculo, el primer punto está al lado del último), sino quedar en tierra de nadie. Lo peor, afirma contundente, "son los tibios".

(Entre paréntesis, recuerdo ahora que, en los juegos de mi infancia, siempre escogía los personajes relacionados con el Orden. A mis amigos les gustaba ser piratas, pero en mi caso prefería ser marino de guerra, su enemigo natural. Ellos estaban encantados de ser pistoleros fuera de la ley, mientras yo asumía el papel de sheriff. Les divertía encarnar el papel de un supervillano de Marvel, pero yo jugaba siempre a ser uno de mis superhéroes favoritos. En fin, uno de mis recuerdos más tempranos en esta existencia es el de un disfraz que me trajeron los Reyes Magos y que me encantaba vestir: no era de aventurero, ni de rebelde, ni de espía..., era de policía montado del Canadá.)

Con estas reflexiones previas a nadie puede sorprender que hoy recomiende uno de los mejores libros que he leído en los últimos años. Es difícil de encontrar (pues su editorial es diminuta) y no es fácil de degustar (pues exige un nivel mínimo de conocimientos previos al lector) pero lo he disfrutado como pocos. Su portada ya adelanta algo de lo que encontraremos en el interior: un Sigfrido (o un San Jorge, o un Horus, o...) enfrentándose a Fafnir (o al dragón, o a Seth, o...) armado apenas con su escudo y su espada, además de su valor. Se titula El héroe y la excelencia (Ediciones Midjungards, 2012) y, firmado por Eugenio Gil Borjabad, recoge la visión del heroísmo en la tradición europea con particular incidencia en el honor como una de las máximas virtudes a las que puede aspirar el ser humano. En la versión de Rob Roy dirigida por Michael Caton-Jones en 1995, el hijo del héroe escocés le pregunta en una secuencia: "Padre, ¿qué es el honor?" y Rob Roy (encarnado para la ocasión por Liam Neeson) le ofrece una respuesta improbable en una conversación padre/hijo pero adecuada (si bien incompleta) en un contexto maestro/discípulo: "El honor es un regalo que un hombre se hace a sí mismo".

A lo largo del texto, Gil Borjabad nos explica el sentido de la vida excelente para nuestros ancestros, desde los griegos y los romanos a los antiguos hindúes, cuando las virtudes viriles -en la mejor de las acepciones de este adjetivo- eran más deseadas y valoradas que las riquezas y las comodidades materiales. Y nos cuenta luego cómo esa visión fue evolucionando, o quizá mejor deberíamos decir degenerando, a lo largo de las distintas etapas históricas hasta desembocar en lo que la enfermiza sociedad que nos rodea hoy día entiende como apreciable Nos detalla además las características del héroe, así como de otros personajes que siguen su estela, como el genio o el santo, y por supuesto de su sombra: el antihéroe. Conocemos el porqué de los duelos y su diferencia con los retos y los torneos. Vemos desfilar a Cuchulainn, Arjuna, Teseo, Arturo, el mismo Sigfrido..., en un brillante catálogo de personajes cuyos hechos y leyendas inspiraron a cientos de generaciones previas a la nuestra en la búsqueda de la mejora de uno mismo y la defensa de la Luz y el Orden. Qué diferentes estos modelos de verdaderos superhombres cuyas hazañas recogen los viejos libros, respecto a los modelos mezquinos, egoístas, corruptos y depravados que nos proponen hoy día la "cultura", el cine y la televisión y que nos inducen a pensar que nada merece la pena salvo clavar el cuchillo en la espalda a alguien antes de que alguien nos lo clave a nosotros y trepar sobre los cadáveres de nuestros coetáneos para llegar lo más arriba posible en el podrido mundo de la importancia personal.

Transcribo algunas de las ideas interesantes que se pueden encontrar en este estudio:

* "La relación adecuada entre los hombres y la Naturaleza ha sido sustituida por el imperio de la economía globalizada. La unidad se encuentra siempre después de una lucha espiritual, pero ahora la lucha es puramente económica (...) Occidente sufre una degeneración del civismo con al menos las siguientes virtudes afectadas: obediencia a la autoridad, respeto a los mayores, respeto a los padres, respeto a los demás en general, respeto a las instituciones públicas, fidelidad, educación, decoro, solidaridad, responsabilidad y compromiso social." 

* "La vida humana es lucha y aventura y el espíritu es la manera de llevar a cabo esa lucha (…) toda acción auténtica tiene algo de violencia y toda excelencia es combate (…) Por el contrario el nihilismo es la manera en que se reduce la plenitud a un orden que elimina el riesgo y el sufrimiento. A veces se habla del espíritu como si fuera una capacidad propia de todo hombre (…) pero es más bien una tarea. La libertad como propiedad esencial la tenemos todos; la libertad cumplida, muy pocos. De la misma manera (…) el espíritu no se posee de entrada, se consigue. Las experiencias de excelencia muestran que para contactar con lo sagrado no hace falta esperar a otro mundo, lo sagrado es inmanente (…) está ahí presente en este mundo, no en otro mundo creado por cobardía." 

* "En la antigüedad griega, el código del honor es sencillo y sin ambigüedades. El honor y la gloria son los hilos conductores, por encima de la vida y de la muerte. La manera de lograr el honor es la excelencia tanto en el combate como en la discusión en la asamblea o en la donación de consejos. Cuanto más valiente sea el adversario o más difícil sea la empresa, mayor honor se consigue. No hay honor en luchar con alguien de nivel inferior ni en ejecutar tareas fáciles (...) Hölderlin dice con claridad que 'Donde hay peligro, crece lo que nos salva'. Ésta es la auténtica estructura de la realidad humana: no hay superación sin peligro, no hay educación sin sufrimiento, no hay origen sin lucha. Y hay que hacerlo por sí mismo, con absoluta autenticidad (…) no hay iniciación con reservas ni parcial. El cambio de mundo afecta a toda la persona o no se da."

* "La superioridad de la educación griega y romana respecto a la actual reside en el mito y el mito consiste fundamentalmente en aventuras iniciáticas. La aventura es entre otras cosas la escuela de la vida. Los mitos heroicos fueron los grandes educadores de Grecia; recordemos que la Ilíada era el libro de texto de los niños griegos en las escuelas. Los valores y comportamiento de los héroes eran la realidad sagrada y originaria a la que había que ajustarse (…) la pedagogía moderna ha abandonado estos criterios. La casi desaparición de los héroes en la modernidad deja un hueco profundo en la educación moral. Nos encontramos dentro de un nihilismo que paraliza la acción. El hombre medio se ajusta a lo común, hace lo que hacen los demás, lo cual representa un alejamiento de la excelencia. La humanidad se caracteriza por lo común, el heroísmo por lo diferente. Los ideales humanitarios no son heroicos, en el sentido clásico (...) Héroe es el que logra ejemplificar con su comportamiento la excelencia que se deriva de superar o tratar libremente y agónicamente el peligro y las situaciones límite para realizar así unos valores. (...)  Los esforzados son los que luchan por la excelencia, los héroes los que la logran. El héroe es el mejor y el mejor es diferente: no se puede pensar el heroísmo sin la diferencia y sin la desigualdad. (…) El héroe pertenece al mundo de la aristocracia, no de la democracia (…) porque lo es por mérito propio, no se elige." 

Entiendo, por cierto, que ideas como éstas pueden causar una profunda inquietud en el hombre actual, que vive sumido en el sopor de los lotófagos convencido de que suyos son los derechos pero no necesariamente los deberes y que por el mero hecho de haber nacido ya merece un respeto. Sin embargo, cualquiera que tenga la suficiente experiencia de vida y los ojos abiertos para aprovecharla es consciente de que la Naturaleza sólo respeta a aquéllos que se hacen respetar y para eso les plantea desafíos diarios que es preciso, al menos, enfrentar, en lugar de mirar para otro lado. Si además pueden ser superados y vencidos, estaremos en el buen camino. Ya Seneca dijo que "sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones de heroísmo".

Gil Borjabad reconoce 8 "notas esenciales" en el héroe: ejemplaridad, excelencia, peligro, sufrimiento, agón, libertad, valentía y realización de valores. Y reconoce en él "las cuatro virtudes básicas del noble" que son: autenticidad, fidelidad, generosidad y valentía. Autenticidad significa ser, manifestarse y comportarse como de verdad se es, sin tapaderas, sin engaños, sin mentiras, sin fingimientos; supone "bajar de las nubes de la ilusión y aceptar la realidad" y desterrar la importancia personal. La fidelidad se aplica, en primer lugar, a sí mismo, y también a los demás y al mérito; lo que conlleva prescindir de lugares tan comunes en nuestros días como la maledicencia, el engaño, el disimulo y el complot. Si el noble tiene que decir algo a alguien se lo dice a la cara. La generosidad atañe en especial a cuestiones económicas, el dinero y los bienes materiales, pues es más propio de él dar que recibir, siempre a quien corresponde y sin implicarse en los negocios, que no le gustan. La valentía es obligada para mantener las otras tres virtudes. 

Hay muchas ideas atractivas en este libro. Añado alguna más:

* "Algunos autores piensan que hay progreso moral de manera parecida a como hay progreso científico (…) pero el nihilismo pasivo de la modernidad ha sustituido el ejemplarismo moral de los personajes excelentes por la seducción de la comodidad, la seguridad y el placer, con el consiguiente alejamiento de la lucha sagrada, motor de la verdadera moral. La huida de los dioses deja al mundo sin entusiasmo (…) estamos tan acostumbrados a lo sagrado trascendente cristiano que hemos perdido la sensibilidad de lo sagrado clásico. Para que algo sea sagrado no tiene que ser un infinito aparte (…) en el paganismo el héroe alcanza lo sagrado por medio de la acción excelente. Luchar, cuando se hace de determinada manera, es un sacramento. El código del héroe es 'mi dignidad es la virtud, mi entrega es la comunidad, mi gloria es lo sagrado, mi honor es la fidelidad, mi mérito es el esfuerzo, mi guía es la voluntad, mi oración es la lucha'”.

* "La justicia con el débil es algo difícilmente negable pero la Biblia va más lejos: pasa a alabarlos y a considerarlos excelentes. Pone como ejemplar la moral de los débiles. Ahora bien, la moral de los débiles no se caracteriza por la lucha y por la superación, sino por una detención nihilista. Si lucharan ya no serían débiles, aunque perdieran. El judeocristianismo es una transvaloración fuerte (...) El antihéroe de la humildad, de la debilidad y de la compasión es al mismo tiempo camello, cordero y perezoso. Camello, en el sentido de la parábola de Nietzsche (…) cargado con los valores de los esclavos (…) no se atreve a hacer las cosas por sí mismo, no quiere ser libre. Cordero, en el sentido del alejamiento de la violencia: se siente víctima y se hace la víctima. Y perezoso en el sentido de la comodidad nihilista."

* "La perfección para el paganismo es el camino hacia la excelencia en todos los órdenes de la vida. Se trata de la perfección de la persona en su relación esencial con lo otro y con los otros, no sólo de la perfección del alma (…) tiene que haber mejora y armonía de la persona, de la comunidad y de la persona con la comunidad. La manera de lograrlo es la práctica de las virtudes clásicas y de la relación armónica entre ellas. Son las virtudes cardinales –prudencia, justicia, valentía y templanza- y las cívicas –dignidad, honor, autoridad, patriotismo, lealtad, nobleza, piedad, decoro y respeto-. Observando algunos de los santos más representativos de la historia vemos que no cuidan su inteligencia, ni su cuerpo, ni la valentía, son ajenos a la libertad y les importa poco la comunidad porque están dirigidos únicamente a Dios y al otro mundo. A lo largo de la historia se ha pintado a los santos cristianos con actitud de arrobamiento y una corona sobre la cabeza. Nosotros pintamos al que se supera a sí mismo con la risa de la vida y una espada en la mano."

Sófocles dijo que "el noble debe vivir con honor..., o morir con honor". En estos días en los que la ignorancia, la ruindad y la cobardía rampantes por doquier desprecian y descalifican el concepto del honor considerándolo como algo inútil y desfasado, vivimos un momento inmejorable para trabajar en nuestro interior, para probarnos con los desafíos que la Diosa pone en nuestro camino a diario y para demostrarnos a nosotros mismos que podemos ser dignos herederos de los héroes de antaño. Que podemos, acaso, llegar también nosotros algún día a ser héroes.











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