Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

martes, 22 de febrero de 2011

La mujer de otra dimensión, 2ª parte

El viernes pasado revisamos en el blog el caso de Luz y su inquietante experiencia despertando a un mundo que era el suyo pero no parecía el suyo y tal vez en el fondo no lo fuera. La mujer de otra dimensión... Recordemos sus últimas palabras: "¿Sabes lo que pienso?, que somos unos personajes de una especie de video-juego de alguien que nos ha creado (...) como los personajes que nosotros creamos en second-life o algo así... A quien me dirige a mí se le estropeó el sistema un momento y por eso me pasó lo que me pasó..."  Bueno...,  si no las ha visto, hay un par de películas que Luz debería ver para dar más ídem a lo que le ocurrió. Ambas están basadas en la novela titulada Simulacron 3 que publicó en 1964 el escritor norteamericano Daniel Francis Galouye. Ahora que lo pienso, tal vez sería más rápido que leyera la novela, que gracias a los prodigios de la red de redes está gratuitamente (al menos a día de hoy) disponible en Internet a partir de la traducción española que Editorial Ferma publicó en 1967.

Galouye fue el clásico caso de reportero que compatibilizó sus trabajos en la prensa con su creación literaria. Lamentablemente, las heridas que sufrió durante su participación en la Segunda Guerra Mundial, enrolado en la Marina norteamericana, le dejaron secuelas importantes que no sólo le provocaron graves problemas de salud sino que de hecho acortaron su vida hasta el punto de provocarle la muerte con sólo 56 años de edad. Como autor de género publicó en títulos como Galaxy Science Fiction, The Magazine of Fantasy and Science Fiction e Imagination y dejó tras de sí un puñado de relatos no traducidos (que yo sepa) al español pero de títulos sugerentes: Rebirth (Renacimiento), Tonight the sky will fall! (¡Esta noche se desplomará el cielo!),  So very dark (Tan oscuro),  The reality paradox (La paradoja de la realidad) o Reign of the telepuppets (El reinado de las telemarionetas), por citar algunos. Tal vez algún editor contemporáneo se anime a retomarlos, pues no en vano en 2007 Galouye fue galardonado a título póstumo con el premio Cordwainer Smith Rediscovery Award, que se concede a escritores ya fallecidos que, en opinión de la crítica, son más que dignos de ser redescubiertos por los lectores de hoy que nunca le conocieron, ni oyeron siquiera hablar de él.

Pero nuestro hombre también editó cinco novelas, la más famosa de las cuales es, gracias al cine, la citada Simulacron 3. La historia cuenta la vida en una ciudad completamente virtual, generada por ordenador, aunque sus habitantes no son conscientes de este hecho y creen estar viviendo en el mundo real. Esta ciudad ha sido creada a imagen y semejanza de las verdaderas por un grupo de científicos cuyo objetivo es emplearla como campo de pruebas para estudiar las reacciones en su ciudadanía y en la marcha global de la población a la aplicación de diversas decisiones políticas y económicas que se desean tomar en el mundo real y que se tantean primero allí. El proyecto está tan bien diseñado y los programas informáticos del Simulacron son tan potentes que cada uno de los habitantes virtuales tiene su propio grado de conciencia y cree estar viviendo efectivamente..., y por supuesto a ninguno se le ocurre que en el fondo no son más que meros impulsos electrónicos, apenas un conjunto de bits de un ordenador.

Todo marcha más o menos bien hasta que el principal responsable del Simulacron, Hannon Fuller, muere de manera misteriosa y uno de sus ayudantes, Morton Lynch desaparece de un día para otro sin que nadie le recuerde, como si nunca hubiera existido (tal y como sucede con el novio de Luz en su historia). Douglas Hall, el protagonista en la novela, se encontraba con Lynch en el momento de su desaparición y al no poder explicarse lo ocurrido está a punto de caer en la locura. Consigue recuperarse y empieza a investigar a los responsables del proyecto y su extravagante comportamiento..., hasta que descubre algo aterrador: el mundo "real" donde está el Simulacron desde el que se maneja el mundo "virtual" es, a su vez, otra supersimulación de un superordenador mucho más poderoso que está controlado desde otra dimensión y, en el fondo, él y el resto de los ciudadanos son tan inexistentes como los personajes generados por el Simulacron (de ahí el número 3 del título, que hace referencia a los tres niveles de realidad que se superponen uno sobre otro sin que la gente que vive en el inferior tenga conocimiento del superior). 

La primera adaptación cinematográfica de la novela de Galouye es una tediosa pero interesante (por la incomodidad que crea en el espectador) versión en dos partes que rodó Rainer Werner Fassbinder para la televisión alemana en 1973 bajo el título Welt am Draht (El mundo cableado o conectado, podría traducirse). Hace poco tiempo se ha comercializado en el mercado hispano aunque sólo con subtítulos, no doblada. En esta versión, el Simulacron lo desarrolla el IKZ o Institut für Kybernetik und Zukunftsforschung (Instituto de Cibernética y de Investigación del Futuro) y el número de "unidades de identidad" desarrolladas para el mundo virtual es de diez mil. El responsable del proyecto es el profesor Vollmer, que muere en un misterioso accidente cuando está a punto de descubrir algo muy importante (ya sabemos el qué). Su ayudante y luego sucesor el doctor Stiller asume aquí el protagonismo sobre todo tras ver cómo el encargado de seguridad de la institución, Herr Lause, se "desvanece" y ninguno de los que le habían conocido y tratado hasta entonces guarda memoria de él, excepto el propio Stiller. Para investigar lo ocurrido, el doctor toma contacto directo con Herr Einstein, la única unidad creada por el Simulacron que es consciente de su inexistente identidad y que, consecuentemente, está desesperada por huir de ella y "saltar" de alguna forma al mundo "real" de Stiller...

La segunda adaptación al cine es mucho más conocida, por lo reciente en el tiempo y por su factura norteamericana, con más acción y mucho menos frígida y psicológica que su predecesora germana (aunque curiosamente se trata de una coproducción entre Alemania y Estados Unidos). Su título es The thirteenth floor (El piso trece) que en España se tradujo como Nivel trece. Imagino que sustituir el 3 por el 13 se debió, sobre todo, al afán por jugar con el dichoso número-de-la-mala-suerte a fin de atraer a público aficionado a pasar miedo. Josef Rusnak dirigió este largometraje en 1999 y la mayor novedad de esta versión (que por cierto respeta los nombres de los personajes de la novela original) es que el mundo virtual que diseñan los creadores del Simulacron es una versión de Los Ángeles en 1937. Al penetrar en el sistema, una de las identidades virtuales cede su conciencia al visitante del mundo "real" que puede de esta forma experimentar en "sí mismo" las experiencias de la colosal creación informática. En cuanto a las grandes líneas del argumento, son las mismas que ya conocemos. 

Como curiosidad, la película de Rusnak se estrenó a finales de mayo de 1999 y obtuvo muy malas críticas pero no por la obra en sí, que se disfruta con facilidad y que con el tiempo ha adquirido incluso un cierto sabor de título "de culto", sino por la inevitable comparación con Matrix, que se había estrenado apenas dos meses antes y que arrasó literalmente en taquilla planteando cuestiones existenciales muy similares pero con un elenco mucho más popular entre el público y con un derroche apabullante de efectos especiales. Muy pocos de los espectadores (críticos incluidos) que tuvieron oportunidad de ver ambas películas en aquellos días o en los posteriores sabían que la historia de los hermanos Wachowski era muy posterior en el tiempo a la de Galouye ("¿quién es ése?") y se tomaron Nivel 13 como una mera copia de bajo presupuesto de Matrix
 

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