
Nadie tiene muy claro cuándo nació el tebeo. Hay quien lo quiere remontar a los jeroglíficos egipcios o los manuscritos medievales, quizás a las aleluyas que aparecen hacia el siglo XVI. Estudiosos modernos señalan a un oscuro pintor y pedagogo suizo, Rodolphe Töpffer, que vivió en la primera mitad del siglo XIX, como el "padre de la historieta

Sea como fuere, para comienzos del siglo XX ya estaban con nosotros personajes hoy clásicos como Krazy Cat, Little Nemo e incluso The Yellow Kid (inaugurando éste las "tiras cómicas" o historietas de prensa) y más tarde Gasoline Alley, Popeye y muchos más. Es imposible tr

Acostumbrado a leer estas cosas desde la más tierna infancia en esta reencarnación, se entenderá por qué mis visitas a las tiendas de comics contemporáneas suelen finalizar con un mohín de desencanto ante la contradicción con la que me enfrento cada vez que entro en una. Por un lado, experimento una gran satisfacción al encontrarme con toneladas de títulos diferentes, en formatos diferentes, elaborados con técnicas diferentes, a color, blanco y negro y pronto hasta en tres dimensiones: mi yo de niño pequeño se vuelve loco y salta de alegría sin saber por dónde empezar a hojear. Pero por otro lado, todas esas expectativas se vienen abajo tan deprisa como eclosionaron cuando compruebo el nivel de casi todos los títulos que se ofertan hoy al público puesto que en el mundo de la historieta sucede hoy como en el de la literatura y, en general, en el de cualquiera de las artes contemporáneas: todo aquél que es capaz de emborronar una cuartilla con unos dibujos se cree capacitado para firmar un tebeo (y de publicarlo, con la ayuda de editores que muchas veces no saben lo que es un estándar de calidad y se limitan a buscar un producto-revelación que venda una edición tras otra).
Sin embargo, en medio del erial de ideas, ilustración y guiones que padece el sector en este momento, de vez en cuando surge alguna obra digna y destinada a perdurar. Éste es el caso de la serie que vengo coleccionando en los últimos años, que Norma

El protagonista es un extraño huérfano acogido por un grupo de vikingos que pronto muestra un carácter y un comportamiento extraños para sus contemporáneos. No es raro, puesto que es el último descendiente de un grupo de humanos que desarrollaron poderes tanto mentales como tecnológicos y que se vieron obligados a abandonar el planeta Tierra en tiempos inmemoriales. Al regresar mucho tiempo después a su antiguo hogar, las trifulcas entre ellos los reducen a la nada y sólo se salva el bebé, que es educado como un vikingo más y como tal desarrolla su valor, su curiosidad, su fuerza y su arrojo, pero no su sed de aventuras ni su afán por guerrear o conquistar. Paradójicamente, el pacífico Thorgal nunca puede alcanzar su sueño, que consiste en vivir tranquilamente como uno más integrado en un pueblo corriente con una familia corriente, ya que su destino poco corriente le arrastra de aventura en aventura..., nada corriente ninguna de ellas.
Thorgal lucha durante varios álbumes para poder salvar y casarse con la mujer que ama: Aaricia, la hija del rey de los vikingos Gandalf el Loco. En otros tantos álbumes se ve obligado a desarrollar todos sus
El desbordante ingenio de Van Hamme y el preciosista y fascinante dibujo de Rosinski (que mejora espectacularmente álbum a álbum) conduce a Thorgal a distintos encuentros con dioses nórdicos y otros seres mitológicos como los enanos y la serpiente Nidhogg, a bizarras aventuras en mundos paralelos, a relacionarse con algún superviviente más de la raza humana que en su día abandonó la Tierra antes de regresar a ella, a combates espada contra espada o arco contra arco ante numerosos enemigos de todo tipo, a cruzar el Atlántico para vivir una alucinante aventura americana precolombina y a muchos otros escenarios interesantes a lo largo de treinta y tantos álbumes. Pero la gran novedad de la serie se llama Yves Sente, el guionista belga que ha tomado el relevo a un Van Hamme cansado del personaje y que parece dispone de los mimbres necesarios para revitalizar y mantener el interés de la que probablemente sea, en este momento mejor serie de tebeo europeo "en activo". Sente se incorporó en el álbum anterior, Yo, Jolan, donde dio comienzo a las aventuras en paralelo del hijo primogénito de Thorgal, convertido en un adolescente serio pero comprometido como su padre.
En resumen: imprescindible para todos los que aman la historieta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario