
Todo comenzó con una apuesta que hizo él en 1999 en el Hipódromo Aqueduct, en el barrio de Queens. Vio la carrera y, como su caballo no ganó, tiró el boleto. Pero, justo cuando se marchaba mascullando contra su suerte, la casa de apuestas anunció que el resultado final de la carrera quedaba en suspenso por una irregularidad que afectaba al caballo ganador. Poco después, se cambiaba oficialmente la victoria y se le concedía al segundo caballo en pasar por la línea de meta, que era precisamente aquél por el cual había apostado él. Así que le correspondían 900 dólares de premio. Entusiasmado, se puso a dar saltos de alegría..., hasta que recordó que se había desecho de su billete de participación. Regresó enseguida al lugar donde lo había tirado y empezó a buscarlo, pero había centenares de boletos usados en el suelo, en los ceniceros, en las papeleras..., hasta en los servicios. Durante un rato largo estuvo buscándolo cada vez más agobiado mas no lo encontró. Se quejó entonces a la encargada del local intentando demostrar que él había comprado el billete y que le debían abonar el premio aunque ya no lo tuviera..., y por supuesto no le hicieron caso.
- Todo lo más que puedo hacer es dejarle que se lleve la basura, cuando barramos todo esto, y lo busca tranquilamente en su casa -le vino a decir la encargada.
Y eso es lo que hizo Jesús Leonardo. Esperó pacientemente a que cerraran el despacho y recogieran todos los papeles esparcidos en el local y, cuando le dieron la bolsa de basura, se fue con ella a su casa. Uno por uno comprobó todo los billetes aquella noche y al final no encontró el suyo pero..., sí otros dos bol

Tenía razón: casi todos los días encuentra alguna apuesta sin cobrar, que él se encarga de recoger para pasar por caja. De hecho, desde entonces, Jesús Leonardo emplea en torno a diez horas al día revisando miles de billetes y suele sacarse entre 100 y 300 dólares al día, más de 45.000 al año. Teniendo en cuenta que ya ha cumplido los 57 años de edad y que no posee una profesión cualificada, no parece un trabajo excesivamente duro para el dinero que cosecha y con el cual mantiene a su familia con relativa comodidad. El premio más importante que ha cobrado hasta ahora lo consiguió en 2006 cuando se embolsó los 9.500 dólares que dejó de ganar el propietario original de una apuesta del Hipódromo de Retama Park, en Selma, Texas. Gana tanto dinero con esta insólita actividad que incluso paga impuestos cada año.
En realidad, su oficio no es nuevo. Segun el periodista T. D. Thornton, que en 2007 publicó el libro cuya portada aparece reproducida aquí al lado, nació en los años treinta, cuando surgieron por vez primera las apuestas mutuas en los hipódro

Y en España preocupándonos por si hacemos un contrato fijo u otro temporal...
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