Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

lunes, 21 de junio de 2010

El corazón del guerrero

Con todo lo que me gusta el cine, lo cierto es que no me interesa ningún tipo de clasificación en particular (si es que he de definir alguna preferencia por épocas, por géneros, por países, por directores o cualquier otra). Busco siempre películas concretas y no por sus intérpretes o protagonistas técnicos sino, sobre todo, por el argumento y los interesantes mensajes (a veces subliminales) que se encuentran en títulos determinados. Ésta es la razón principal por la que me aburre profundamente el cine español, plagado de historias tan corrientes como reiterativas, protagonizadas por aspirantes a estrellas que oficialmente (sólo oficialmente) se declaran no interesadas en la fama y el dinero, y mantenido por los impuestos de un gobierno que conoce bien la rentabilidad política de los "famosos"..., pero que no suele ser pródigo en títulos atractivos para mi personal paladar. Sin embargo, muy de vez en cuando aparece alguna película curiosa que añado sin reparos a mi colección. Una de ellas es El corazón del guerrero: el debut en 1999 como director del entonces semidesconocido Daniel Monzón, hoy gran figura del séptimo arte nacional por su multipremiada Celda 211 que, entre otros reconocimientos, le valió el Premio Goya al mejor director de este mismo año.

La verdad es que Monzón no era ningún recién llegado a la hora de presentar su primera película, ya que llevaba muchos años dedic
ado al cine a través de su labor de crítico y periodista, tanto en papel impreso como en radio y televisión. Además, se había estrenado como coguionista en el thriller de Gerardo Herrero Desvío al paraíso... Protagonizada por Fernando Ramallo, Joel Joan y Neus Asensi, Monzón dirigió y también escribió El corazón del guerrero y a partir de ese momento abandonó su trabajo como crítico para enfrentarse al de criticado. El estreno no fue mal: se embolsó un par de galardones del Festival de Cine Fantástico de Ámsterdam, el premio a la mejor película fantástica en el Fantasporto y también el de mejor película internacional en el Fantasia de Montreal. Después llegaron una comedia (El robo más grande jamás contado), una cinta de terror psicológico (La caja Kovak) y la peli de prisiones que le ha convertido en uno de los directores de moda (Celda 211).

De todas ellas, la única que me interesa es El corazón del guerrero que ya vi en su día pero que acabo de revisitar vía DVD y que me confirma en la opinión que en su día me formé..., y es la de que resulta una película muy atractiva, harto difícil de clasificar. Y creo que por propia voluntad de su autor. No es una película de fantasía. No es una película de iniciación juvenil. No es una película de aventuras. No es una comedia a la española. No es…, nada concreto, sino que se mueve en medio de una ambigüedad que es precisamente lo que la justifica y le da su razón de ser, porque el motivo central del argumento radica en la confusión entre realidad y ficción. O, mejor, en cuál es la verdadera realidad, muy en el estilo de las historias de ese viejo maestro llamado Philip K. Dick. De hecho, el eslógan con el que se promocionó resulta bastante indicativo de por dónde van los tiros: La realidad es mentira.

El argumento cuenta la historia de Ramón (Fernando Ramallo), un adolescente aficionado a los juegos de rol, que está obsesionado con su personaje de Beldar (Joel Joan): una especie de Conan ibérico protagonista de un mundo de espada y brujería en el que se enfrenta con diversos enemigos. Beldar recibe la ayuda incondicional de su amada, belicosa y escultural amazona Sonja (Neus Asensi). Y también se apoya en los consejos, económicamente interesados, del brujo Netheril (Santiago Segura), apoyado por su Acólito enano (Javier Aller). En una de sus aventuras, Beldar consigue penetrar con la ayuda de Sonja en una tenebrosa cripta donde se apodera de una joya con forma de corazón que roba a un guerrero zombie (es una de las lecturas del título de la película: el otro hace obvia referencia al carácter de Ramón/Beldar). El éxito se convierte de inmediato en derrota pues este robo genera una maldición sobre su persona. Para anularla, debe matar antes de tres días a uno de los poderosos brujos de la Secta de los Mil Ojos o quedará condenado a sustituir al guerrero zombie encerrado en la cripta y defender la joya a su pesar hasta que otro guerrero le mate a él.

Esta línea argumental “fantástica” se entremezcla con la de la “realidad” en la que Ramón carece de la espada, y de los músculos para manejarla, de Beldar. Además, Sonja es Sonia, una prostituta de la Casa de Campo de Madrid que traiciona a quien haga falta por dinero. Netheril es un friki iluminado de nombre Carlos José (en la estela del auténtico -¿se acuerda alguien de él?- Carlos Jesús) y el Acólito enano es un enloquecido vagabundo vendedor de La Farola que vive en un zulo construido por él mismo en los túneles del Metro. Con una familia “desestructurada” (en la que el padre se fue a por tabaco tiempo atrás y la madre trabaja todo el día y casi no le ve), unos amigos que merecen ser llamados de cualquier manera menos amigos y una desorientación vital profunda, Ramón padece la progresiva fusión mental de ambas líneas de su vida que, al principio poco a poco y enseguida más aceleradamente, le impiden diferenciar una de otra y acaban conduciéndole hacia la desorientación más absoluta mientras busca librarse de la maldición que el master del juego de rol le echó por tener tan buena suerte con los dados en la partida.

En su anárquica percepción de la realidad, Ramón convierte la piscina de un hotel en un maravilloso lago con cascada, el castillo de cartón piedra del Parque de Atracciones en una peligrosa fortaleza o los leones del Congreso de los Diputados en dos monstruos broncíneos que escupen fuego. Pero, como él mismo no se cansa de repetir a otros personajes, y en especial a Sonia: "yo me quedo con la parte de la realidad que me interesa, la que es realmente hermosa y merece la pena vivir, no con la otra". Pues, en efecto, en un momento dado comprendemos que el adolescente no está simplemente enloqueciendo sino que es por completo consciente (cada vez más, a medida que avanza el largometraje) de que vive a caballo entre dos dimensiones (que esas dimensiones existan ambas en la realidad o sólo en la imaginación es lo de menos), que en cada una está dotado de unas circusntancias características y que desprecia profundamente una mientras trata de pasar el mayor tiempo posible en la otra. ¿No es esto, en cierto modo, lo mismo que pretenden los místicos conscientes de la existencia de diversos y simultáneos niveles de encarnación? Estoy seguro de que escritores conspiranoicos como David Icke disfrutarían enormemente viendo esta película.

Es precisamente en la sede de la Cámara Baja donde se desarrolla una de las mejores y más impresionantes secuencias, cuando Ramón penetra en el "templo de los brujos" de la Secta de los Mil Ojos con intención de apuñalar a uno de los malvados hechiceros y lo que ve en el pleno es..., no un conjunto de politicos trajeados y encorbatados sino precisamente lo que espera ver: un montón de brujos reunidos ataviados de forma extravagante, a medio camino entre los sacerdotes de Set de Conan el Bárbaro y los personajes dibujados por Moebius. Todo esto entronca con un último personaje que se incorpora a la acción mediado ya el metraje y es Adolro del Pozo (Adriá Collado), líder de un turbio partido político llamado Democracia Joven que es controlado en la sombra (y sin que el propio Adolfo lo sepa) por un grupo de gente tan poderosa como desconocida que se reúne bajo el nombre de Grupo Octógono (en cuyo símbolo corporativo aparece un ojo) y cuya aparición es inevitable relacionar con una suerte de rama de los Illuminati. Toda la película está plagada de guiños cinéfilos obvios para el aficionado a la Fantasía y la Ciencia Ficción: desde la existencia del propio Beldar alias Conan y Sonja alias Sonja la Roja (ambos personajes del inmortal Robert E. Howard), hasta la escena del tejado en plan Blade Runner o algunas secuencias de acción a lo Indiana Jones.

Ojo, no es una película perfecta. Aparte de ser la opera prima de Monzón, se trata, después de todo, de un largometraje español y, como tal, adolece de algunos típicos defectos de las películas españolas. Entre ellos: el humor grueso absolutamente prescindible y basado en el sexo, la sobredosis de tacos y palabras malsonantes, cierta tendencia a llevar hacia el sarcasmo escenas que hubieran merecido un mejor tratamiento dramático, una alarmante falta de dicción en varios de los protagonistas que dificulta entender qué están diciendo exactamente y la presencia de personajes televisivos famosos en el momento en el que se rodó la película pero que hoy no aportan gran cosa. A pesar de todo ello, una de esas cintas que se termina casi de pronto (pese a sus casi dos horas de duración) y nos deja con ganas de más. Y preguntándonos si, al final, Ramón no tendría razón y su vida verdadera era la de Beldar. Aún más: preguntánonos si nuestra vida verdadera no será también la "otra", no ésta en la que participamos en este momento (como decía el filósofo chino: "¿Soy yo el filósofo soñando ser una mariposa o soy la mariposa que sueña ser un filósofo soñando ser una mariposa?"). Merece la pena.

2 comentarios:

  1. En su día fue una apuesta del director. Me quedo con la frase que le oi decir " La película es una partida de rol que yo he jugado".

    Esto hace pensar que monzón no a perdido la parte de niñez y creativadad que todos tenemos.
    Por otro lado es valiente al reconocer que el jugaba al rol, ya que tan denostado está en nuestra sociedad. La valentía a veces se premia.

    Ademas la película para la fecha que se hizo y para ser española tiene unos buenos efectos especiales que cumplen perfectamente. Sobre todo los leone del parlamento

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  2. Muchos jugadores de rol se han cebado con esta película,porque ellos dicen que ésta critica ese colectivo.En parte es cierto,El corazón del Guerrero y En el umbral del miedo (Mazes and mosters),muestran como sus protagonistas acaban volviéndose locos tras jugar mucho a rol.Pero también es verdad que estas dos cintas muestran también lo divertido que puede ser juntarse con amigos para jugar a rol.
    Lo que está claro es que,al margen de cual sea tu afición,todos los hobbys tienen adeptos locos,cuerdos,decentes,o malas personas.Así que esta película cumple bastante bien con su objetivo de entretener,y los frikis que se sientan ofendidos que piensen que el hecho de jugar a rol quizá no les convierte en peores personas, pero tampoco los hace mejores.Yo soy friki,y he conocido a más gente friki...y no todos eran buena gente precisamente,por mucho que les ofendan ciertas películas.
    Feliz Navidad!

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