Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

lunes, 14 de junio de 2010

Hombres y monos

La osadía de los científicos contemporáneos llega a límites difícilmente comprensibles si uno no entiende cómo funciona su mente. La Ciencia con mayúsculas la elaboran los investigadores que se mueven por el afán de conocimiento, aquéllos que quieren saber de verdad cómo funciona el mundo y albergan la secreta esperanza de que sus descubrimientos ayuden a toda la Humanidad. Estos esforzados de la mente, después de trabajarse a sí mismos durante un período de formación intenso, comienzan a plantear hipótesis generalmente a partir de la deducción o la observación del entorno. Más tarde enfocan su labor en la comprobación de si tenían o no razón. Y sólo si sus experimentos ratifican sus sospechas iniciales, pueden construir una teoría sólida que a continuación dan a conocer a otros colegas y al mundo en general para que, quien quiera (y disponga de su mismo nivel científico) pueda comprobarlo.

Sin embargo la ciencia con minúsculas, la más abundante hoy, la diseñan los investigadores que se mueven por el afán de lucro y gloria
(los otros científicos, los de verdad, puede que no desdeñen el dinero y la fama, pero no es ése su primer objetivo personal, sino el ya comentado placer del saber por el mismo hecho de saber), que albergan la secreta esperanza de que les den todo tipo de premios, desde el Nobel hasta el reconocimiento de la parroquia local, por sus trabajos. Y éstos no los enfocan en el beneficio general sino en el de las empresas que los emplean (y que poseen intereses muy definidos, algunos de ellos muy globalizados) con la idea de encontrar cómo hacer más dinero más rápidamente a partir de las necesidades de la gente. Estos científicos minúsculos, a menudo, no observan y luego se preguntan y al fin experimentan y ratifican…, sino que imponen (un determinado concepto o tesis o idea) aprovechándose de unos medios de comunicación en los que abundan los periodistas indocumentados que se tragan cualquier cosa que se les presente con la suficiente dosis de rimbombante “autoridad” académica y luego se dedican a buscar pruebas de su forma de ver las cosas, desechando (en algunos casos criminales incluso destruyendo) las que no les interesa, para que todo concuerde con su visión primera, no con la realidad por cabezona que ésta sea.

Podría poner varios ejemplos recientes, de los últimos años, para ilustrar esta forma de actuar desde la Astronomía a la Medicina, pero prefiero centrarme en la vieja falacia..., digo..., teoría del origen mono/africano del ser humano con la que nos castigan una y otra vez desde los principales medios de divulgación científica y que la mayoría de ciudadanos a los que estos temas en el fondo no les importa lo más mínimo asumen como dogmas de fe sin cuestionarlos siquiera. La idea de que el hombre es un producto evolutivo relacionado con los simios está bien razonada y es evidente que mantenemos un parentesco más que obvio con los homínidos: desde la coincidencia de ADN en cantidades superiores al 90 por ciento hasta el mismo aspecto físico de bípedos juguetones y agresivos. Sin embargo, las mismas posibilidades hay de que el mono descienda del hombre (como de hecho defienden ciertas leyendas y tradiciones de distintos puntos del mundo) como que el hombre descienda del mono…, lo cual por otra parte nada tiene que ver con la teoría evolutiva que lo que en realidad defiende es que ambos son ramas separadas de un primate común…, jamás encontrado: el famoso Eslabón Perdido (y tan perdido).

Ésa es la teoría, fundada en una fantasía desarrollada a partir del hecho de que, segú
n algunas pruebas científicas, hace millones de años hubo algunos homínidos en África que pudieron ser nuestros tatara-tatara-tararí-que-te-vi-abuelos o mejor dicho los tataraetcétera del homínido del que se supone descendimos todos. Pero eso no demuestra nada, porque no se ha encontrado resto alguno de ser humano propiamente dicho..., sino de homínido muy primitivo. De la misma forma, si algún día se descubriera en Australia el mamífero del que a su vez descendieron los homínidos, a lo mejor resulta que podríamos decir que el hombre es de origen australiano. O si se descubre en el sur de América el primer anfibio que salió del mar y del cual desciende el mamífero del cual desciende el homínido del cual desciende el hombre también podríamos defender que el hombre es de origen suramericano...

Lo único cierto de todo esto (que de paso resulta absolutamente increíble si uno se para a pensarlo) es que después de gastar durante decenios miles de millones de dólares en excavaciones por distintos puntos de África no haya aparecido ni un solo rastro de se
r humano en el continente negro. Ni uno. Sí muchos rastros de homínidos y otros supuestos “parientes”, como antes señalamos, pero ni un solo hueso de hombre como tal. El ridículo de los científicos empecinados en seguir buscando allí es especialmente enorme entre los que trabajan en el llamado Cuerno de África, donde están desesperados por encontrar algo que justifique la hipotética emigración africana hacia la zona de Oriente Medio, la “cuna de la civilización” (la “cuna”…, según todos esos listos que alegremente se “olvidan” de que miles de años antes de Egipto o Mesopotamia existió otra civilización en el norte de España y sur de Francia de cuya existencia conocemos gracias a las pinturas rupestres como Altamira o Lascaux, cuya perfección y grado de abstracción descartan como sus autores a la clásica imagen de Hugh el Troglodita).

Así pues, aquí tenemos un claro ejemplo de ciencia con minúscula. No hay una sola evidencia que permita plantear como hipótesis factible, verídica, el hecho de que el ser humano racional naciera en África. Todo lo contrario: la mitología (que habla de dioses blancos, rubios o pelirrojo
s como los creadores de la civilización misma y su difusión por el resto del planeta), la historia (que nos muestra el grado de civilización –y la sucesión de culturas- en el no por nada llamado Viejo Continente), la genética (que indica que los europeos –los de origen europeo, no los inmigrantes llegados en el último medio siglo- descienden todos del norte de España, adonde nunca llegaron porque son originarios de allí), la filología (que nos conduce también hacia la península ibérica como origen de numerosas tradiciones y religiones)…, nos indican que el empeño por instalar el origen del hombre en territorio africano es absurdo. Entonces, ¿por qué inventar una teoría y luego matarse buscando pruebas para intentar demostrarla?

Mi gato conspiranoico, Mac Namara, lo explica de esta manera:


- Básicamente, lo que subyace tras ese empeño se puede resumir en dos hechos concretos y un solo objetivo. El objetivo único es la globalización. Los hechos concretos para apoyar a ésta aparecen bastante claros. Primero y para despistar: la lucha contra el racismo y la potenciación de la mezcolanza de las distintas razas y culturas del mundo hasta conseguir un melting pot similar al norteamericano pero aún más intensificado donde desaparezcan las diferencias culturales, religiosas, sociales, políticas, etc. Durante mucho tiempo ha sido el racismo uno de los motivos principales de enfrentamiento entre vosotros, los seres humanos. Una razón para defender las diferencias entre el "nosotros" y el "ellos" basado en aspectos claramente visibles como el color de la piel o las características físicas. Y en contra de lo que suele repetirse una y otra vez no es un mal propio de los blancos o caucasianos sino de todas las razas humanas. Es más: aún diría (y cualquiera que haya viajado un poco por el mundo con los ojos abiertos lo habrá podido comprobar para su propio asombro -al descubrir que la realidad no es como nos la cuentan desde los mass media-) que los blancos son los menos racistas del mundo..., en comparación con el resto de razas. Lo digo con la experiencia que me dan muchos años de viajes por cuatro continentes pero no impongo mi opinión: animo a todo el mundo a que lo compruebe por sí mismo viajando por ahí... Viajando de verdad, no yendo de un complejo turístico de cinco estrellas a otro.

- ¿Y el segundo hecho concreto? -pregunto.

- En relación con lo anterior, lo segundo y fundamental es que se trata de la destrucción de Europa como verdadera cuna que fue y desde donde irradió la civilización al resto del planeta. Se trata de restarle valor a todos sus grandes logros, ocultar la Historia real de lo que sucedió reescribiendo otra completamente diferente en la que los europeos salgan lo peor parados posible y a continuación despedazar esta tierra prodigiosa, desintegrar sus viejas naciones y sus culturas respectivas para diluirlas en ese caldero universal que ya está en ebullición y ha engullido a otros países de fundación europea, como los mismos Estados Unidos.

Se puede pensar o no como mi gato pero pasan cosas curiosas en relación con todo esto. Sólo mencionaré dos de ellas, dos investigaciones interesantes, para terminar. La primera hace referencia a la tabarra que nos han dado los científicos minúsculos en los últimos años respecto a que hombres y chimpancés somos prácticamente como hermanos gemelos por nuestro ADN, que se suponía es prácticamente idéntico... Pues resulta que no. Resulta que hace pocas fechas se ha publicado un estudio al que por cierto se le ha dado una mínima difusión, en el que ha participado un equipo internacional de biólogos incluidos algunos españoles del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona. ¿Y qué han encontrado? Demos la palabra a Arcadi Navarro (aquí, a la izquierda), uno de estos investigadores, que ha revelado que hasta ahora se creía que los genomas de los humanos y los chimpancés se asemejaban en un 99 %", pero tras el estudio se han "desenterrado algunas diferencias" que corroboran que las diferencias entre el ADN humano y el de los primates (¡¡¡Atención a esto!!!) son "diez veces mayores al número aceptado hasta el momento”. Es más, gracias a estas diferencias se puede empezar a explicar (que no se explicaba si es que éramos tan parecidos) "por qué los humanos tienen más capacidad de resolver problemas que los chimpancés, por qué los primates son más fuertes que el hombre", o el motivo por el cual "los chimpancés no tienen enfermedades como la esclerosis múltiple". Esperamos ansiosos el próximo estudio a ver si, en lugar de diez veces mayores, las diferencias resultan ser cincuenta o sesenta veces mayores...

La segunda investigación nos lleva a Japón donde el equipo de la Universidad de Kioto dirigido por el profesor Nobuo Masataka del Instituto de Investigación de Primates presentaba esta mañana los resultados de su estudio elaborado durante los últimos dos años sobre la respuesta del macaco a la televisión. Estudiando la actividad cerebral de este tipo de mono con la "caja tonta" se descubrió que el lóbulo frontal vinculado a las sensaciones de placer y alegría en los humanos se activaba cuando el macaco ve vídeos de animales de circo haciendo acrobacias. Sin embargo, su interés decaía cuando los vídeos tenían imágenes de coches y máquinas que obviamente no entendía. La conclusión principal: "los macacos entienden la televisión porque experimentan sensaciones de alegría y placer similares a las de los humanos". Qué emocionante, señor Masataka: aunque en realidad no tiene usted ni idea de si el macaco entendía lo que era la tele o simplemente estaba siendo engañado por su percepción pensando que los animales que veía estaban al otro lado de un ventanuco de su jaula en lugar de reflejados sobre una pantalla, somos tan parecidos los humanos y los monos, ¿verdad?... (suspiro)
Aaah, un momento..., ¿que tenía truco la investigación? ¿Y cuál es? ¡Pues que el sujeto de estudio fue..., exactamente eso, un sujeto de estudio: un solo macaco, cuyo comportamiento ha sido extrapolado a toda la especie de los macacos! Vamos, como si Masataka estudia mi alimentación y comprueba que no me gustan las judías con chorizo y llega a la conclusión de que los seres humanos, todos ellos, nunca comen judías con chorizo.

3 comentarios:

  1. excelente! pero eso de defender la cultura ibérica y después decir k no te gustan las judías kon chorizo... ;)

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  2. No seré yo quien defienda por principio las teorías ortodoxas dominantes sobre este o cualquier otro asunto relativo al ser humano y nuestro mundo. Pero lo cierto es que hay notables pruebas de la existencia de Homo Sapiens en África hace casi 200.000 años (véase los conocidos como "Hombres de Kibish"). Y no hablo de especies homínidas anteriores difícilmente catalogables como "humanos", ni de millones de años atrás, sino de verdaderos Homo Sapiens como los actuales que hace unos 200.000 años vivían en África. También conviene tener muy en cuenta la evidencia genética de la llamada "Eva mitocondrial".

    Pero con todo, como digo, soy más partidario de teorías mixtas; estoy convencido de que nuestro verdadero origen, evolución y difusión por el planeta como especie involucra aspectos múltiples y muy complejos que escapan completamente de nuestros conocimientos y teorías actuales, sean cuales sean, incluyendo la que sueles exponer en tu blog centrada en el origen y supremacía europeo/ibéricos.

    Un dogma no puede sustituir a otro. La investigación, la integración y la apertura deben ser constantes, según se nos hacen más claras las distintas evidencias y crece nuestro conocimiento de las cosas. Mientras tanto, se puede proponer y sugerir, siempre.

    Un saludo.

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  3. joder... si que te informas bien, mejor aún que tu post del evolucionismo. Deberias viajar a áfrica, tanto que dices que viajas mucho, y visitar Etiopia. A ver si te tropiezas con hueso de ''Homo sapiens''.

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