
Mi propia experiencia me sugiere que ese miedo no es más que una excusa de escritores perezosos o amateurs para justificar sus propias limitaciones. Es más, tengo la teoría de que este mito lo inventó alguien que se hacía pasar por autor pero que en realidad no lo era sino que se limitaba a copiar los textos de otra persona menos popular, hasta que dejó de tener acceso a ellos por la causa que fuera y entonces, sí, le vino el "bajón creativo". Y es que todos los escritores de verdad que he conocido, ésos que sienten la necesidad de expresarse por escrito sin importar si producen best sellers o se limitan a encadenar frases por afición y sin más pretensiones, poseen cierto fuego interior que les impulsa a redactar, con independencia de las circunstancias en las que puedan hacerlo. Siempre han escrito, contando lo que sucedía a su alrededor o en su interior o en algún lugar muy lejano del Universo..., y muestran intención de seguir haciéndolo hasta el fin de sus días. Porque estar iniciado en la casta de los escribientes
La escritura es un acto máximo de comunicación con otros seres humanos. Uno de los más importantes que conocemos en nuestra sociedad, puesto que el autor desnuda a través de s

Para escribir no se requiere sólo algo que contar y técnica para hacerlo. También se necesita creatividad, pues un escritor es, antes que nada, un dios, un creador de su propio universo literario, la razón última de la existencia de sus historias. Al igual que las divinidades a escala cósmica, el autor debe plantear unas leyes básicas para regir su mundo y sus personajes, y sólo después, cuando está todo el terreno de juego definido con claridad, echar a rodar la bola sin permitirse el lujo de alterar las condiciones prefijadas..., so pena de destrozar toda su labor. Si el proyecto está bien planteado, llega un momento en el que los personajes empiezan a "actuar" por sí mismos, toman sus propias iniciativas y se meten en los líos que ellos escogen, sin limitarse al guión prefijado que el autor pudiera haberles asignado antes de comenzar su narración. Cuando se produce esta "rebelión", sabes que el texto va por buen camino. Es difícil de entender para un néofito (¿cómo es posible que unos personajes creados por mí no hagan lo que yo quiero que hagan?) pero todo aquél que ha practicado alguna vez la teurgia de la creación literaria con éxito sabe a lo que me refiero.
Por cierto que la creatividad es uno de los recursos más buscados en la actualidad por todo tipo de organizaciones: desde empresas de todos los tamaños a centros universitarios o de investigación, pasando por generalatos o gobiernos. En un mundo cada vez más plano y reiterativo, donde la ineptitud, la ineficacia y la indiferencia multiplican el plagio, la vulgarización y la banalización, una persona creadora es cada vez más una rara avis por la que algunas instituciones están dispuestas a pujar con fuerza.
Ante el escaso número de creadores existentes, las fuerzas directivas del mundo han puesto en marcha en los últimos años una auténtica cruzada para tratar de averigüar dónde se esconde esta cualidad y cómo desarrollarla al gusto del consumidor. La buscan, como casi todas estas cosas, en el cerebro: entre impulsos eléctricos, sustancias químicas y densidades de neuronas, echando mano de la última tecnología en resonancia magnética. Recientemente The New York Times publicaba un reportaje acerca de estas investigaciones de la mano de Rex Jung, catedrático de neurocirugía de la Universidad de Nuevo México en la Mind Research Network (Red de Investigación de la Mente) de Albuquerque y, según su propia definición, líder del primer equipo que desarrolla una investigación sistemática sobre la neurología del proceso creativo, incluida su relación con la personalidad y la inteligencia.
Con todas las respuestas obtenidas merced a estos tests, se elabora un "índice de creatividad compuesto" que sirve para estudiar cómo funciona la creatividad. Entre los resultados obtenidos por Jung, un estudio concreto que involucraba a cerca de setenta personas llegó a la conclusión de que la creatividad posee un recorrido más complejo y menos previsible que el de la inteligencia. Según las propias palabras de Jung: "El cerebro parece comportarse como una eficaz autopista que puede llevarle a uno del Punto A al Punto B en el tiempo más corto posible. Sin embargo, en las regiones del cerebro relacionadas con la creatividad, es como si existieran un montón de pequeñas carreteras secundarias con todo tipo de interesantes rodeos y caminos poco frecuentados". Desde un plano meramente físico, mientras la inteligencia se relaciona con un funcionamiento rápido y eficiente de las neuronas, la creatividad se desarrolla en cerebros con una materia blanca más fina y unos axones de conexión que ralentizan el tráfico neuroquímico. ¡La creatividad parece sumarse al movimiento Slowly!
En el fondo, esto ya lo sabían los antiguos: lo importante del viaje no es la meta sino el camino.
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