
Don Dinero es capaz de todo, hasta de inventarse las noticias que crea necesarias para engañar al personal. Buena prueba de ello es la que el diario El País, el más importante (por ventas y por difusión, ya que por calidad es más que cuestionable) de España en este momento, publicaba sin rubor ayer domingo con un titular a 5 columnas, encima de una imagen de David Cameron y Barack Obama protegidos por sendos paragüas a su llegada a la cumbre del G20 en Toronto. Atención a la frase, porque me estuve riendo un rato largo después de leer la interpretación de los hechos que publicaba este periódico: "Los emergentes fuerzan al G20 a enterrar el impuesto a la banca". Y la información comenzaba: "La cumbre del G20 enterró anoche la idea de generalizar un nuevo impuesto a la banca, una propuesta planteada en citas anteriores y que defienden EE.UU., la UE y el Fondo Monetario Internacional. La oposición de los países emergentes, Australia y Canadá hizo imposible hacer global una tasa que Washington, Londres, París o Berlín ya tramitan unilateralmente..."
Es en estos momentos cuando envidio el talento del grandísimo Quevedo, que sí hubiera tenido palabras para definir profesionalmente a los responsables de semejante publicación. Mucha ingenuidad, mucha ignorancia o mucho de ambas cosas (y tal vez de algo peor) hay que tener para, con las cosas que sabemos todos hoy día, echar la culpa a canadienses y australianos (que vienen a pintar en el escenario internacional lo que los españoles: o sea, más bien poco) en compañía de indios y brasileños (por citar un par de "emergentes", como les llaman ahora) no sólo de ser los grandes defensores de la banca internacional sino de tener más fuerza para imponer sus tesis que el poder que despliegan a diario de manera conjunta y complementaria el dólar y el euro, en este caso unidos, y, ¡por si fuera poco!, apoyados por el brazo armado del Capitalismo Mundial que es el FMI.
Para más INRI, el mismo diario publica en la página siguiente un cuadro con el PIB nominal de los países del G7 más Rusia detallando la situación, que convierte la portada del diario en un chiste de tebeo. Estados Unidos se sale del cuadro con casi 14.000 millones, seguido de Japón (mayordomo de Washington) con casi 4.400, Alemania con 3.300, Reino Unido con 2.800, Francia con casi 2.600, Italia con 2.100 (si sumamos todos los números, unos 30.000 millones de dólares en total)..., frente a Canadá en último lugar, sólo por encima de Rusia (y por poco) con 1.400. Australia por supuesto no aparece puesto que sus números son inferiores a los españoles. Es obvio que después de esto dejé de leer toda la información relativa a este asunto.
La cumbre del G20 ha servido para seguir haciendo el teatrillo y contar lo que se quiera contar sobre la (mal) l

Porque la idea además no es nada nueva. En el primer tercio del siglo XX ya surgieron las primeras propuestas a ese respecto y a principios de los años setenta se concretó la iniciativa que ha estado más cerca de aplicarse (no llegó a hacerse) firmada por el doctor James Tobin, Nobel de Economía en 1981 (en la foto de la derecha). Es la conocida como Tasa Tobin que básicamente consiste en imponer un impuesto a cada una de las transacciones financieras internacionales: ésas que impulsan la especulación e inflan los mercados para que luego revienten o, lo que es lo mismo, el juguete favorito de los Madoff, los Soros y compañía. Sería una tasa mínima, de entre 10 y 25 centavos por cada 100 dólares, y su objetivo básico es el de frenar o desestimular el flujo de capitales a corto plazo (los obtenidos en unos pocos días o semanas). Estos capitales obtienen por lo general una gananc

Pero no cuajó la Tasa Tobin..., como no cuajará ningún otro impuesto similar mientras, insisto, el sistema siga siendo el que es.
Un viejo cuento judío escenifica muy bien la situación. Se contaba en la antigua Unión Soviética y nos sitúa en una escuela, donde un profesor quiere comprobar lo que sabe un alumno en materia de aritmética y le plantea el siguiente problema:
- Imagina que eres tu padre y que me prestas 10 rublos a un 6 por ciento de interés. ¿Cuánto tengo que devolverte al cabo de un mes?
- 20 rublos, profesor -responde el alumno sin pestañear.
- ¡20 rublos! ¿Pero tú has hecho bien el cálculo? Te he dicho que me prestas 10 rublos..., ¡y a un 6 por ciento de interés! Piénsalo mejor y dime: ¿cuánto he de devolverte?
- 20 rublos -insiste el alumno.
- ¡Tú no sabes nada de aritmética! -le dice indignado el profesor.
- Y usted no conoce a mi padre -le contesta el alumno.
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