
En cuanto a la Filosofía en sí: ¡qué grandioso arte de vivir! Eso sí: por completo incomprendido por los humanos corrientes, para los que el filósofo es un tipo que se dedica a especular sobre tonterías o sobre las grandes preguntas que afectan a la Humanidad..., lo que viene a ser lo mismo. Pero el filósofo deliberante, el filósofo de salón, es un producto insano, propio de nuestra época de decadencia. En la Antigüedad sabían perfectamente que la Filosofía era ante todo el Arte de Saber Vivir. De comprender qué, quién y por qué. Los filósofos reales tenían acceso al rostro de Dios y podían verle jugar, reír, llorar..., actuando sobre la Naturaleza. Podían dialogar con Él a diario, como lo hacía el escudero novato y respetuoso con el caballero consagrado en mil hazañas:
- Eres grande pero yo sigo tu camino y algún día seré como tú; seré tú.
Por eso nuestros ancestros estaban dispuestos a jugarse la vida, literalmente, por ingresar en una verdadera Escuela de Misterios donde aprender la Filosofía real (de la realidad). Vagaban durante años buscando los escasos y

El que trata de engañar a Isis para verla desnuda sin tener derecho a ello no hace sino engañarse a sí mismo pues, aun en el caso de que lograra en apariencia distraer a la diosa hasta plantarse ante su sagrada presencia, recibiría su castigo en el mismo momento en que sus ojos se posaran sobre su cuerpo de luz, que en ese mismo instante abrasaría sus ojos, su corazón y su entendimiento. Y le arrojaría a los abismos del espanto.
Además de sortear sus propios obstáculos, aquéllos con los que sus mismas imperfecciones han sembrado el camino, el filósofo ha de enfrentar los obstáculos ajenos: los que tratan de

El gran Epícteto lo comentó una vez en su clase:
- ¿Quieres convertirte en un filósofo? Prepárate entonces desde ahora a ser ridiculizado y persuádete de que las gentes ordinarias se burlarán de ti y dirán: "¡Se volvió filósofo de un día para otro! ¿Desde cuándo se ha visto tanta arrogancia?" En el interior de tu alma, que no anide la soberbia por lo que hayas conseguido y sigue trabajando sin cesar en la enseñanza mejor y más bella. Recuerda que si cedes a sus insultos serás doblemente burlado pero si perseveras en tus propósitos, los que en principio se burlaron de ti luego te aceptarán (y pasarán al otro estadio, el de la adoración..., así que presta mucha atención para no caer en manos de ninguno de los dos caracteres impostores: no debes asumir ante los hombres ni un carácter divino ni un carácter demoníaco, sino mejor pasar inadvertido entre ellos).
Y remató:
- Si por ventura te volvieras alguna vez hacia las cosas externas habiendo alcanzado el grado de filósofo, sabe que has perdido el rumbo acertado. Conténtate pues con ser filósofo (¡que no es poco!) y si además quieres parecerlo ante los demás, en lugar de ello conténtate de parecerlo a tus propios ojos. Y ello ha de ser suficiente.
Esto explica y contesta las elucubraciones de aquéllos que dicen públicamente:"si existieran sabios de verdad, si existiera Dios de verdad, no permitirían que el mundo fuera como es, se aparecerían ante nosotros y nos ayudarían, castigarían a los malos, arreglarían las cosas y nos salvarían..." Dicen estas cosas porque en su ignorancia no se dan cuenta de que las cosas son como nosotros mismos las hemos hecho ser en el pasado y también porque son incapaces de imaginar que los filósofos no desean ser sacrificados a la locura del hombre común, como ya sucedió con algunos de ellos en tiempos antiguos.
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