
Proctor es uno de esos tipos extraños al que merece la pena escuchar porque su postura ante el mundo es verdaderamente científica: abierta a cualquier posibilidad y a la experimentación personal para la comprobación de los hechos y las leyes en el mundo que nos rodea. Él define la agnotología como el estudio de la política de la ignorancia (y cómo ésta se genera activamente a través de políticas deliberadas, empleando datos científicos para defender lo indefendible) y asegura que empezó a documentarse al respecto por la atracción que para él supone la combinación de la ciencia con la política y la ética. Sus investigaciones le permiten analizar tanto los problemas actuales como los del pasado. Como él bien dice: "me sorprende que la gente no sea curiosa, me educaron para pensar que la vida consiste en hacerse preguntas constantemente y darse cuenta de que siempre hay más cuestiones por resolver". ¡Exacto, amigo: ésa es la clave! Sin embargo, él mismo también ha demostrado con sus estudios cuál es el gran problema y es que hoy ya no se educa a la gente para hacerse preguntas sino para todo lo contrario: obedecer, y hacerlo con las anteojeras bien puestas.
Lo sé muy bien. Parte de mi trabajo desde hace años pasa por la formación de becarios como futuros periodistas y es asombroso (y verdaderamente triste) constatar el bajón de año en año en las sucesivas generaciones. Y, como diría cierto formador que conozco, no es una cu

He aquí tres de las ideas más destacables de la entrevista que publicó Muy Interesante con Proctor:
* "La 'fabricación de ignorancia' es un fenómeno frecuente" en nuestro mundo contemporáneo en el que encontramos gente que "ha desarrollado y perfeccionado durante mucho tiempo las técnicas de fabricación de dudas, que después se han exportado a otros sectores. Hay cientos de empresas que hoy usan estrategias de confusión con la intención de minimizar sus riesgos económicos. Una de sus metas es cuestionar los datos proporcionados por las estadísticas".
Proctor cita por ejemplo a la industria del tabaco (donde está calificado como persona non grata puesto que fue el primer científico que destapó seriamente sus tejemanejes propagandísticos) y también la polémica del calentamiento global, pero se puede aplicar prácticamente a cualquier área del conocimiento pues es bien sabido que casi cualquier estudio de la realidad puede presentarse ante el público como algo positivo o como algo negativo según se resalte un aspecto concreto del mismo y se calle otro. Cualquier periodista con un mínimo de años de profesión puede relatar sus propias experiencias acerca de la forma en la que la industria manipula una serie de datos concretos para apoyar sus tesis, y sus productos, y cómo él mismo ha colaborado en ello. Me viene a la mente por ejemplo el caso de cierta empresa farmacéutica que organiza anualmente (no es la única: todas, a partir de cierto nivel, lo hacen) un viaje de lujo a un país caribeño con periodistas españoles con un mínimo de influencia para presentar allí sus nuevas y revolucionarias medicinas cura-lo-que-sea. Programa del viaje: una rueda de prensa de una hora para presentar las medicinas y una visita de un par de horas a uno de los centros de la empresa..., intercalados entre una semana de playa, mojitos y fiestas. ¿Quién se resiste luego a hablar mucho y bien de las medicinas, y de la misma empresa?
* "Las malas ideologías pueden producir buena ciencia y viceversa (...) Por ejemplo, todos pensamos que los nazis estaban locos pero, como sabes, hicieron a veces ciencia extraordinaria, no sólo a pesar de su ideología sino precisamente a causa de ella (...) Y en mis estudios sobre los orígenes del ser humano demostré que el antirracismo 'progre' también puede producir muy mala ciencia."
Éstas son palabras extremadamente raras y rentables intelectualmente por al menos dos razones. Una: siempre que se habla de la época del Nacionalsocialismo alemán se destacan sus sombras pero son pocos (por miedo a la censura y el sambenito de los sacerdotes de lo Políticamente Correcto) los que, como Proctor, se atreven a recordar que también tuvo s

* "Sigo tres principios emocionales en mi trabajo: el asombro, la compasión y la crítica. son virtudes de distintas disciplinas que no suelen combinarse (...) son buenos principios. Los científicos suelen estar implicados en trabajos muy concretos que son pequeñas fracciones de un gran cuadro (...) pero es necesario contemplar la escena completa de la realidad porque cuando se decide financiar un tipo de investigación en vez de otra se está tomando una opción política y social: es una decisión colectiva sobre lo que queremos considerar importante (...) La especialización puede ser la muerte de la investigación intelectual."
Si ya es anómalo encontrar un científico que reconoce seguir empleando la capacidad de asombro en sus investigaciones (a pesar de que en teoría ésta es una característica de cuantos se dedican al estudio) en lugar de limitarse a repetir las rutinas de laboratorio, cuando habla de la necesidad de la compasión se deben haber disparado todas las alarmas en el rígido sistema contemporáneo. Y sin embargo tiene mucha razón. Resulta muy fácil (y aún más deshonesto) criticar a posteriori la forma de actuar de nuestros ancestros, fueran científicos o no, porque nosotros sí sabemos lo que ocurrió durante su época y a consecuencia de ella, mientras que ellos tuvieron que tomar decisiones, casi siempre difíciles, sobre la marcha y por lo general a ciegas. Sólo con compasión, como bien saben los maestros de los cuentos orientales, podemos ponernos en el lugar de nuestros antepasados y tratar de entender por qué hicieron lo que hicieron, bueno o malo, así como asumir que nosotros seguramente no hubiéramos hecho nada distinto. De hecho, no lo hacemos, si somos capaces de aplicar la escala a nuestra vida diaria.
En cuanto a la especialización, es e

En todo caso, la ignorancia siempre va a existir, porque existen además fuerzas poderosas que se aprovechan de ella y la impulsan constantemente ya que les conviene que el animal humano sea cada vez menos humano y más animal. En la batalla por el conocimiento, nada podemos hacer por mantener (mucho menos, por elevar) el nivel general si no es el cultivo personal de cada uno de nosotros, la experimentación sobre nuestra propia trayectoria y el desarrollo de nuestros dones y capacidades (todos tenemos algunos dones y capacidades: el problema es que muchas personas no se toman la molestia de buscarlos ni, una vez hallados, ponerlos en marcha). Y eso sólo está en manos de cada cual.
Gracias por la claridad.
ResponderEliminarJuan