Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

martes, 28 de junio de 2011

Gilgamesh, el inmortal

A propósito del manejo del tiempo que comentábamos ayer, acabo de terminar de leer una gozosa colección/recopilación de las historietas protagonizadas por Gilgamesh, el inmortal, quizás el personaje más popular del dibujante paraguayo Lucho Olivera, con cuya interesante obra tomé contacto en los primeros años de ésta mi última reencarnación a través de magníficas revistas de comic como El Tony, D'Artagnan o Fantasía. Por desgracia, estas publicaciones argentinas nunca tuvieron en España la distribución que merecían y no resultaban fáciles de conseguir, pese a estar pobladas de personajes muy variados: desde el entrañable Cabo Sabino hasta el atractivo Nippur de Lagash pasando por el propio y misterioso Gilgamesh. Allí conocí a los Altuna, Breccia, Casalla y tantos otros, que fijaban los listones del tebeo adulto regular en idioma español en cotas muy difíciles de superar en todos los géneros (Ciencia Ficción e Histórico, en especial) para un aficionado que en la península ibérica tenía que conformarse por entonces con las (por lo demás magníficas) historietas de Mortadelo y Filemón, 13 rue del percebe, Anacleto agente secreto y otras, exclusivamente dedicadas al humor blanco y más bien infantil.

Gilgamesh el inmortal apareció por primera vez publicado en 1969 en una historia breve, pero tuvo tanto éxito que la editorial Columba encargó a Olivera que la convirtiera en una serie, que desarrolló en solitario en un primer momento y con el apoyo de Sergio Mulko más tarde. En 1980, el dibujante estableció una sólida alianza con el gran guionista Robin Wood, con el que creó una nueva versión del personaje, con un carácter más oscuro e introspectivo perfectamente apoyado por un grafismo sucio y desolador siempre en blanco y negro (apoyado con la constante repetición del simbólico dibujo de cabezas de todo tipo) que resaltaba el carácter solitario, sombrío y a menudo confuso del personaje protagonista. La recopilación que publica 001 Ediciones (y que hubiera merecido una edición de formato más grande) se anuncia como volumen 1 (por lo que desde ya esperamos y deseamos la próxima aparición del siguiente) y recoge las historietas de esta segunda etapa con Olivera y Wood mostrando su arte, en algunos episodios, en un verdadero estado de gracia.

Gilgamesh es, históricamente, el primer héroe humano que conocemos. Rey guerrero de la ciudad sumeria de Uruk (actualmente Warqa en territorio de Iraq), sus aventuras están recogidas en las tabillas de escritura cuneiforme que nos legaron las civilizaciones de la cuenca mesopotámica fechando su existencia en torno al año 2.600 antes de Cristo y han servido de modelo a personajes posteriores de diversas culturas, el más conocido de los cuales es el Herakles/Hércules mediterráneo. La más conocida de sus incursiones es la que le conduce al reino de los dioses en busca de la inmortalidad, el único de los grandes dones que no posee (y que ansía recibir) puesto que además de poseer la fuerza insuperable de un titán y el próspero poder de su reinado sobre la ciudad más importante de su época, disfruta de una inteligencia despierta, una voluntad de hierro y un liderazgo indiscutible sobre sus contemporáneos. Durante este trayecto, conoce a Utnapistim, modelo a partir del cual la tradición judaica copiaría e inventaría a su mitológico Noé. Utnapistim es el protagonista en la historia original del Diluvio Universal y, merced a su labor de salvamento tanto de la Humanidad como de los animales siguiendo las indicaciones de los dioses, éstos le premian concediéndole precisamente la inmortalidad.

Tras diversas peripecias, Gilgamesh consigue que Utnapistim le revele el secreto de su vida eterna que consiste en el consumo de cierta planta que sólo se encuentra en un lugar de difícil acceso. Únicamente los dioses pueden conceder este precioso regalo, pero el rey guerrero no se detiene en consideración alguna una vez posee esta información y se apodera de la planta. No obstante, comete la imprudencia de, en lugar de ingerirla de inmediato, guardarla en su morral para estudiarla y tomarla tranquilamente en Uruk. Durante el sueño de la noche, la serpiente (tal vez uno de los dioses disfrazado como tal) le robará su tesoro y, al comérselo, se convertirá, ella, en inmortal (como demuestra el cambio sucesivo de pieles que va dejando tras de sí para renacer cual Ave Fénix perpetuamente). Será un Gilgamesh derrotado y anonadado el que regrese a Uruk, consciente de que sólo los dioses poseen la última palabra y de que nada podrá hacer para evitar su muerte al fin.

En la versión de Olivera y Wood, Gilgamesh es en efecto el arrogante rey sumerio pero sí consigue la inmortalidad tras salvar la vida de un extraterrestre llamado Utnapistim, quien le advierte contra la soledad y el aburrimiento vital que termina apoderándose de aquél que sabe que jamás morirá por muy graves que sean sus heridas. Alguien que está condenado a la envidia y el recelo de los seres humanos, cuya existencia es tan breve en comparación con la del inmortal. Pese a ello Gilgamesh se somete al proceso de endurecimiento de su cuerpo gracias al "acorazador" que posee el extraterrestre. A partir de entonces, recorrerá las diversas etapas históricas disfrazado con diversas identidades asistiendo a la elevación y caída de los sucesivos imperios históricos que conocemos, y soñando con alcanzar un día las estrellas para reencontrarse con Utnapistim y, tal vez, cerrar el círculo de su insólita existencia.

La recopilación de 001 Ediciones está dividida en catorce capítulos:

El regreso de Gilgamesh.  
Nuestro héroe se presenta como el sucesor del Padre de las Estrellas, una especie de divinidad guardiana encargada de mantener la paz en el Cosmos, pero siente nostalgia de su origen humano y solicita regresar a la Tierra para volver a experimentar por última vez las condiciones de vida "primitivas". Durante el salto espacio/temporal es atrapado por las malvadas fuerzas de la Sexta Dimensión, en pelea constante con los guardianes a las órdenes del Padre de las Estrellas, pero lucha con ellas y al fin consigue liberarse e incorporar su espíritu al del niño que fue en la antigua Mesopotamia. 

La muerte del guardián del pueblo.
Gilgamesh rememora su ascenso al poder en Uruk tras la muerte de su padre, el rey, en la guerra que supone su bautismo de fuego durante su primera existencia. La angustia que le produce el final de la vida, inevitable para todos los humanos por culpa de las enfermedades, la violencia o la vejez, le conduce a buscar como sea el método de prolongar sus años en la Tierra. Fascinante reconstrucción de la ciudad sumeria.

La muralla de la vida.
Obsesionado con no ser atrapado por la muerte, Gilgamesh manda construir las más poderosas murallas del mundo antiguo, infranqueables para los ejércitos de la época: las de su ciudad Uruk. Pero sabe que no está a salvo y que en cualquier momento la Parca puede venir a buscarle. Conoce a una extraña esclava llamada Mahara a la que confiesa su pánico a la inexistencia y ella le conduce hasta una ciudad perdida en medio del desierto donde vive un anacoreta que se ríe de sus expectativas pero acepta pronosticarle el futuro. El ermitaño muere de un infarto al descubrir que el rey sumerio está destinado realmente a alcanzar el sueño de la inmortalidad.

Utnapistim.
Desesperado por la muerte de su mujer embarazada (una más de una larga serie que nunca terminan de darle un heredero), Gilgamesh maldice a los dioses en la soledad de la noche cuando aparece una gigantesca nave espacial que se estrella en el desierto. Tras montar en su carro, el rey de Uruk marcha rápidamente hacia el "navío de los dioses" y allí descubre a Utnapistim: un extraterrestre que dice provenir del Planeta Púrpura y que ha resultado gravísimamente herido en el accidente de su transporte estelar. Utnapistim revela a Gilgamesh que los de su raza son inmortales pero que, aburrido de estar a salvo de cualquier peligro, él había decidido librarse de la protección y experimentar de nuevo el vértigo de la vida. Ahora, moribundo, se arrepiente de ello y pide ayuda a nuestro héroe. Éste acepta echarle una mano si, a cambio de curarle con su ciencia médica, le hace a él también inmortal. Utnapistim accede y, cuando se recupera gracias a los cuidados de Gilgamesh, le somete al tratamiento del "acorazador": la máquina que blindará su cuerpo al paso de los años y a las heridas del mundo. El rey sumerio no tarda en comprobar la eficacia de este instrumento cuando regresa a su ciudad y sobrevive a un intento de asesinato de unos conspiradores que quieren quitarle de en medio.

La resurrección de Uruk.
Gilgamesh ya es inmortal y bajo su sabio y poderoso reinado su ciudad se ha convertido en la más importante del mundo conocido. Él aspira a convertirla en el lugar más feliz y próspero que nunca haya existido. Sin embargo, sus súbditos le odian, ahogados por el peso de su inmortalidad y sin ganas de disfrutar de todos los dones que poseen porque saben que esta gloria para ellos será sólo algo efímero. Aconsejado por Nippur de Lagash (personaje de Robin Hood que interviene en esta historieta en un verdadero cameo de historietas o, como se dice ahora, de crossover), se da cuenta de que en lugar de hacer bien a la ciudad, está destruyéndola con su presencia y aprovecha para desaparecer cuando ambos amigos se enfrentan a la delirante banda de un grupo de guerreros medio locos que viven en el cráter de un volcán. En el enfrentamiento final con ellos, Gilgamesh hace creer a todo el mundo menos a Nippur que ha fallecido y, cuando comprueba que los ciudadanos de Uruk festejan su muerte como una liberación, decide no revelar su secreto y emprende un camino sin retorno alrededor del planeta.

El sueño humano.
Encontramos al héroe en Nínive, donde se ha empleado como general al servicio del rey asirio Assurbanipal, en un intento por trasladar su sueño personal de crear una ciudad feliz a la posibilidad de lograr un gran imperio feliz. Sin embargo, la agresividad y la ambición del hombre desbordan sus anhelos. Assurbanipal le encarga atemperar los excesos de su jefe militar Annabakar durante una expedición de castigo a Siria, pero el carácter violentísimo de Annabakar le hace ingorbernable. Tras arrasar la ciudad de los cimerios, Gilgamesh descubre a una extraña esclava llamada Althea que dice ser del "pueblo de la nave de fuego". La libera y se marcha con ella dejando a los asirios festejando su triunfo. Althea le guía hasta su pacífico pueblo, escondido en las montañas y que resulta ser (aunque ellos lo han olvidado) descendientes de los tripulantes de una nave espacial que se estrelló hace mucho tiempo y de la que sólo funciona el superordenador de a bordo, que actúa como una especie de deidad de estas gentes. Pero Annabakar les ha seguido y los aniquila a todos. La venganza del superordenador es autodestruir la nave: en la explosión mata a todos los asirios.

El nazareno.
No podía faltar una historieta en la época de Jesús. Gilgamesh es aquí un centurión a las órdenes directas de Pilatos que prende a Barrabás y que vive de cerca el drama del juicio popular, la condena y la crucifixión en el calvario. Ésta es, quizás, la más decepcionante de las aventuras del inmortal puesto que se limita a seguir el guión más conocido del relato neotestamentario en lugar de ir más allá y situar a nuestro héroe, por ejemplo, tres días después de lo ocurrido para comprobar si se produce o no la resurrección.

La horrible belleza.
Gil de Gamesh es el nombre que adopta aquí el héroe, transformado en un cruzado a las órdenes de Ricardo Corazón de León. Regresa a Europa en un buque de transporte tras la derrota de los ejércitos cristianos frente a los de Saladino cuando, en compañía de dos caballeros franceses, decide desembarcar y seguir el camino a caballo para evitar el aburrimiento y los mareos de la ruta marina. Los tres son capturados por los enmascarados sirvientes de Zulmira, una tiránica reina que fue una auténtica belleza en su juventud pero que en su vejez se ha convertido en un horrendo y desagradable guiñapo que no es consciente de su espantoso aspecto. Gilgamesh acabará con ella regalándole un nuevo invento: un espejo. Zulmira muere del susto al verse a sí misma.


El centinela.
Al servicio de los Borgia, Gilgamesh se hace amigo de un anciano alquimista que le revela la existencia de un misterioso ser que vive en Florencia y que puede estar relacionado con Utnapistim el extraterrestre. El sumerio, aquí disfrazado de caballero alemán, encuentra al ser: un encapuchado de otro mundo provisto de brazos tentaculares que le revela es el centinela responsable de evitar que la tecnología militar de los hombres se desarrolle demasiado en el mundo y acabe destruyendo a sus propios creadores. Enemigos de Gilgamesh los atacan cuando están conversando y matan al centinela, lo que provocará un descontrol de la mente humana que empieza a generar más y mejores armas de destrucción a partir de ese momento.


El templo de la vida.
Baja un poco el nivel con la típica y tópica historieta de conquistadores españoles sedientos de oro que emplean a un indio para encontrar un templo perdido en las selvas amazónicas donde esperan hallar un tesoro. El indio los engaña y, una vez dentro del templo, en compañía de sus colegas se dedica a acabar uno por uno con los soldados, antes de intentar hacer lo mismo con Gilgamesh..., pero es imposible matar al inmortal por muchos cuchillos de obsidiana que le claven.


El lancero polaco.
Mejora mucho el argumento en la historia en la que el sumerio es un militar del ejército de Napoleón en plena y desastrosa retirada de Rusia. El mismísimo Pequeño Corso le encarga una misión como mensajero pero la patrulla de Gilgamesh es aniquilada por un grupo de cosacos que le toman prisionero. Encuentran una cripta que en realidad esconde una misión extraterrestre destinada a capturar especímenes de todo tipo (humanos incluidos) para transportarlos a un lejano planeta y estudiarlos antes de invadir la Tierra. El cadáver congelado de un lancero polaco que a duras penas se mantiene eguido en su caballo y que anuncia su presencia con el tintineo macabro de una medalla de oro ayuda inesperadamente al protagonista.


Los vampiros de París.
Gilgamesh se encuentra con la burocracia y debe empezar a morir "oficialmente" para renacer después con una nueva identidad y papeles mediante. En esta historia, una de mis favoritas, escapa del ataúd donde se hizo enterrar para mantener la ficción de su existencia, pero al salir de la tumba en París en la época de la guerra francoprusiana se encuentra con un vampiro muy chic con aires de Christopher Lee que le muerde y luego se extraña porque su víctima no muera tras chuparle la sangre. Se hacen amigos y el vampiro le cuenta la triste historia de su raza, una vuelta de tuerca al tema del vampirismo.


Los gansos negros.
Otra gran aventura en la que encontramos al sumerio pilotando un caza de combate británico de la Primera Guerra Mundial y en la que se desarrolla una variante de la conocida historia de la muerte que espera al sultán en Samarkanda. A lo largo de la historia, Gilgamesh se encuentra con una vieja gitana que conoce de su existencia y le relaciona con la historia del Holandés Errante.


El no-muerto.
Fuera por completo de los escenarios más habituales, Gilgamesh se ve involucrado en una aventura en los Himalayas para destruir el poder de un antiguo monje reconvertido en jefe de una cuadrilla de peligrosos bandidos. De nuevo aparece un personaje femenino de origen ambiguo que proviene según todos los indicios de una raza extraterrestre con poderes, que acaba manifestándose con su nave y todo al final de la historia.

5 comentarios:

  1. impecable la historia del inmortal que yo cuando adolecente leia y me encantaban.

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  2. Excelente, muchas gracias! Si pudieran decirme en que episodio Gilgamesh se ve a si mismo cazando un León?

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  3. Uf. que recuerdos un tío mío Pancho Lopez, siempre llevaba estas historias a casa. Agradezco tu propuesta, lo lei todo. Gracias

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  4. Muy buen artículo. Es una historieta fascinante, casi podría decir que me introdujo en este arte.

    Sólo par de detalles: El paraguayo es el guionista Robin Wood, quien comenzó su carrera en editorial Columba con el dibujante argentino Lucho Olivera.
    Y segundo que la etapa de Gilgamesh Wood-Olivera era originalmente a color (como se ven en algunas imágenes que incluíste) pero que algunas ediciones nuevas son en B/N.

    Si te gusta la obra de Wood, puedo recomendarte
    - "Nippur de Lagash - El Errante" (comenzó en 1967!)
    - "Dago"
    - "Pepe Sánchez" (en este caso: muy cómico y demuestra la cintura de Wood para hacer personajes oscuros o que nos hagan sonreír).

    En Italia ha tenido mucho éxito y se han publicado varios de sus títulos.
    Lamentablemente mucho material es difícil de encontrar hoy en día...
    Puedes ver mucha información al respecto en su página:
    http://robinwoodcomics.org

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  5. Es increíble volver a leer todos estos resúmenes de aquella revistas que leía con fascinación, llevándome a imaginar aquellas aventuras de este personaje, que vivía sus miles de vidas, testigo de todas las etapas de la humanidad.
    Que vacan! ……. “Buena!” como decía mi padre.

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