Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Ventanas

Dos constructores de ventanas han influido especialmente en el diseño y manipulación del mundo contemporáneo y ambos han sido norteamericanos. Uno de ellos es muy conocido y, cuanto más se le conoce, (mucho) menos se le quiere, como me ha comentado algún otro estudiante en los pasillos de la Universidad de Dios. Y eso que es uno de los grandes iconos económicos y tecnológicos de los últimos cincuenta años..., pero en las películas de superhéroes el peor de los supervillanos suele ser un tipo muy inteligente, carismático y (en apariencia) triunfador. El individuo al que hacemos referencia es, claro, William Henry Gates III, más popular como Bill Gates o, en el caso de esta bitácora, que es española y escribe en español (con algunos añadidos a veces en otros idiomas, cierto), es Guillermito Puertas. Siempre me ha parecido una sincronía chocante que un tipo apellidado Puertas inventara un sistema operativo llamado precisamente Windows (ventanas), sin duda el más famoso de la era de la computación, pero no existen las casualidades así que por algo será.

El otro muchacho, bastante menos popular entre el vulgo pero muy renombrado entre los que manejan el cotarro entre bambalinas, es Joseph Paul Overton, cuyo apellido no tiene nada que ver con ventanas. Si lo dividiéramos en dos palabras, over-ton, podríamos traducir su nombre literalmente como José Pablo Más-de-una-tonelada, aunque no era especialmente grueso. Entonces, ¿por qué traerlo a colación? Pues porque Overton, que pereció con cuarenta y pocos años en un accidente aéreo pilotando un ultraligero poco después de casarse, es el creador de un concepto reservado hasta ahora a unos pocos connoisseurs y que poco a poco ha empezado a calar entre el público en general a través de algunos artículos de periodistas curiosos. 

Ese concepto se llama la 'Ventana de Overton' y es uno de los modelos de ingeniería social más conocidos. Básicamente se trata de un conjunto de técnicas para convencer a la sociedad de que acepte una idea que hasta ese momento era tabú y por supuesto implanteable públicamente. De hecho, más que de una ventana habría que hablar de varias ventanas de Overton, porque el camino a seguir según el planteamiento de este ejecutivo era un sucesivo deslizamiento de ventanas que arranca impulsando un movimiento social y termina manifestándose con una ley formal.

Cómo funciona

Overton describe seis niveles (ay, el seis..., siempre presente en este tipo de cosas, ¿qué tendrá el número seis que aparece una y otra vez?) para lograr la transmutación de gusano en mariposa, como quien dice. Son los siguientes: la idea es 1) impensable -nadie la apoya, es rechazable y rechazada por el cuerpo social, así que hay que defenderla por ejemplo manoseando el principio de la libertad de expresión-, 2) radical -muy pocos la apoyan, casi todo el mundo la considera como algo excesivo, extremo, inaplicable..., así que se crean eufemismos para disimular su realidad e intentar justificar que "en determinadas circunstancias" igual no sería descartable-, 3) aceptable -aún no tiene una mayoría de apoyos pero la gente ya no la rechaza directamente, porque los medios de comunicación empiezan a hablar de ella y porque surge el "argumento" clásico de "tú no apoyas esto porque eres una persona anticuada, esto es lo verdaderamente moderno"-, 4) sensata -va tomando fuerza y mucha gente la ve como algo razonable que quizá debería tener su oportunidad, sobre todo cuando aparecen personajes públicos, influencers y artistas que la defienden-, 5) popular -la mayoría de la sociedad la apoya y considera conveniente aplicarla por lo que comienzan las presiones a los partidos políticos para que la legalice- y, finalmente, 6) política pública -los políticos se suben a la ola e impulsan la creación de una ley oficial para aplicar la idea definitivamente-.

Un ejemplo que suele citarse es la abolición de la esclavitud. Esta lacra ha existido siempre históricamente. Ningún pueblo de la antigüedad concebía la existencia de una sociedad sana sin una amplia base de esclavos empleados para distintas labores (y tan esclavos han sido los europeos como los africanos, los asiáticos o los americanos, aunque nunca se recuerde este punto porque, gracias a los analfabetos, los manipulados y los miserables, ya sabemos que la culpa de todo lo que pasa en el mundo es de la "malvada" Europa). De todas maneras, no hay que remontarse muy atrás en el tiempo para ver el final oficial de la esclavitud: en los países más "desarrollados" no desapareció legalmente hasta el siglo XIX. De ese planeamiento impensable en un principio se pasó a otro radical gracias a los grandes maestros filosóficos y espirituales, de los cuales el principal ejemplo -no el único- es Jesús el Cristo, que hablaron de la necesidad de liberar al hombre de sus cadenas, si bien no sólo de las materiales. En la Edad Media alcanzamos las fases aceptable y luego sensata, a medida que el Cristianismo se imponía en el Viejo Continente (y más tarde también en el Nuevo) y que los principios de justicia, honor, bien y bondad son extendidos por ciertas órdenes caballerescas y algunos trovadores que cantaban en código como los Minnesänger. El sentimiento se convierte en popular especialmente a partir del siglo XVIII y termina encarnándose en una política pública en el XIX. Y hoy lo impensable ha pasado a ser lo contrario: que pueda existir la esclavitud.

(Entre paréntesis, la esclavitud "a la antigua" sigue existiendo sin embargo en no pocos países del mundo aunque no se hable de ello porque hay muchos intereses en juego. Y, de forma mucho más disimulada, también existe en el resto del planeta, sobre todo a través de la usura financiera y de la actividad de distintas mafias.) 

Este ejemplo es muy a largo plazo. Por lo general se emplea este modelo en tiempos más cortos, pero siempre controlados: la clave en la aplicación de la idea es de hecho el tiempo. No se puede imponer un cambio de mentalidad y hacer aceptable lo inaceptable de un día para otro, sino que de forma gradual. La gente que está acostumbrada al color rojo no admite que de pronto todo sea de color blanco. Es preciso ir "blanqueando" progresivamente el tono y acostumbrando a la población a esa leve variación de una manera suave. Pasando por ejemplo de un tono burdeos o guinda a otro cereza o carmesí, y luego continuar la degradación: tomate, coral, rosa, marfil y, al final, blanco -por resumirlo mucho, puesto que hay muchos más tonos-.

Un ejemplo más sangrante

Veamos otro ejemplo, más moderno, que está intentando aplicarse en nuestra sociedad: la legalización de la pedofilia. Hasta finales del siglo XX, a nadie en su sano juicio, al menos en Occidente, se le habría ocurrido considerar algo normal las relaciones sexuales de adultos con niños (aunque algunos pueblos de la antigüedad consentían esas relaciones a partir de la adolescencia). Era algo sencillamente impensable, por más que siempre han existido pervertidos, canallas y auténticos hijueputas -como solía decir mi dentista colombiano- que han actuado a escondidas de la sociedad. Es la fase 1) de la ventana de Overton. 

El primer intento de pasar a la fase 2) se produjo a través de la puesta en marcha de grupos como la Asociación norteamericana por el amor entre adultos y niños (NAMBLA por sus siglas en inglés), fundada en 1978, ubicada en Nueva York y San Francisco y considerada como organización más numerosa de la Internacional de la pedofilia y la emancipación infantil (IPCE por sus siglas en inglés). Por supuesto, entre sus declaraciones públicas se incluye una condena contra la violación, la explotación sexual, el rapto y los castigos corporales: los cuatro factores de exclusión del grupo que pretende simplemente "dar libertad de elección sexual" a los menores para que puedan relacionarse con quienes quieran. No obstante, se hace difícil creer que un adulto excitado, pongamos por caso, por un infante de año y medio, pueda resistirse a la tentación de usar alguno de esos factores para satisfacer sus instintos malsanos. De hecho, aunque la NAMBLA como tal no ha sido nunca legalmente perseguida, sí lo han sido varios de sus miembros por distintos actos criminales contra menores. ¿Alguien sorprendido en la sala?

Otras organizaciones pedófilas occidentales hay que buscarlas en Francia, Reino Unido, Alemania, Dinamarca y (si seguimos olvidando alegremente a la caterva de hijos de Satanás implicados en la lista de Epstein en EEUU, donde además de pedofilia hablamos de canibalismo y otras barbaridades sobre las que nadie habla ya), especialmente, en los Países Bajos: ese país al que le gusta hacer honor a su nombre, buscando normalizar grandes "libertades" como la droga o la prostitución. 

En mayo de 2006, Marthijn Uittenbogaard presidió la fundación del llamado Partido del Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD por sus siglas en neerlandés)... Usar Grandes Palabras para defender los más bajos instintos es característico de la gentuza que trabaja para destruir al ser humano. El programa de esta formación "política" defendía, entre otras cosas, legalizar la pornografía infantil y reducir la edad del consentimiento sexual. Pese al rechazo social cuando se conoció la noticia, un tribunal de La Haya sentenció en julio del mismo año que no se podía ilegalizar a este partido aludiendo a la sacrosanta "libertad de expresión y asociación" y justificando que debían ser los ciudadanos con derecho a voto quienes decidieran si lo apoyaban o no. Ignoro si alguno de los integrantes de ese tribunal compartiría en secreto los gustos del PNVD pero no quiero dejar de apuntar que fue precisamente en La Haya donde se formó uno de los primeros grupos de partidarios de "eliminar los prejuicios en lo referente a los contactos eróticos y las relaciones entre menores y adultos". Se llamaba el Círculo del Enclave. 

Lo cierto es que el PNVD nunca logró los avales necesarios para presentarse a las elecciones legislativas generales de Países Bajos y el grupo se disolvió oficialmente en marzo de 2010. De todas maneras, Uittenbogaard, que aparece en la fotografía junto a este texto, sigue a lo suyo porque en junio de 2022 fue detenido en Ecuador y en junio de 2023, condenado a diez años de prisión por varios delitos relacionados con pornografía infantil. Ya en marzo de 2021 los tribunales holandeses habían anunciado un proceso legal en su contra por continuar con las actividades de la también pedófila Asociación Martijn que había sido teóricamente ilegalizada en 2014.

Cómo son los holandeses, ¿verdad? Pero el fenómeno es internacional: ya en 2008 algunas informaciones periodísticas apuntaban a la existencia de unos 500 foros de pedófilos y a lo largo de estos últimos años hemos visto varios informes describiendo la inclusión de imágenes sexuales -disimuladas pero muy claras cuando uno sabe lo que está viendo, como sucede siempre con las imágenes subliminales- en dibujos animados infantiles y aparentemente normales. Por cierto, en España hemos hemos tenido hasta ayer mismo a una ministra de Igualdad enajenada -como tantos otros diletantes de la izquierda y la ultraizquierda- en su afán por reinventarse la Historia de este país, que llegó a defender el sexo infantil nada menos que en el Congreso de los Diputados. Recuerdo que esto ha pasado antes de ayer, en septiembre de 2022, aunque la sucesión de escándalos del actual Gobierno haya enterrado las palabras de esta mujer, tan violentas como su forma habitual de expresarse: "todos los niños, las niñas y les niñes (sic) tienen derecho (...) a conocer su propio cuerpo (...), tienen derecho a amar y a tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento". Varias denuncias presentadas en los tribunales contra las cosas que dijo en sede parlamentaria fueron inadmitidas por el Tribunal Supremo, que no vio indicio de delito en sus declaraciones y en otras parecidas de ella o de su entorno, empeñados como están en sexualizar a los niños a temprana edad.

Y no sé si será coincidencia pero la emigración masiva con la que Europa está siendo invadida en los últimos años -entre cuyas secuelas hemos visto estos últimos días lo que ha pasado en países como Francia e Italia- es mayoritariamente musulmana. Y sabemos que la Sharia o ley islámica permite el sexo con niñas sin demasiados problemas. De hecho, según la propia tradición islámica el propio Mahoma tomó como esposa a Aisha cuando tenía seis o siete años y consumó el matrimonio (o sea, tuvo sexo con ella) a los nueve años. Una información publicada en noviembre de 2025 señalaba que en Marruecos, aquí al lado, más de 10.000 mujeres menores de edad se casaron el año pasado y da la impresión de que la gran mayoría de ellas no lo hizo por amor. ¿Es acaso la ya nada disimulada intención de islamizar Europa la gran baza para saltarse las distintas fases de la ventana de Overton rápidamente y consagrar la pedofilia como algo perfectamente legal? El tiempo lo dirá. 

En todo caso, Overton aparece no ya como un nuevo flautista de Hamelin, sino como un maestro de flautistas en las democracias -o en lo que parecen democracias-, un poco en la línea de Noam Chomsky cuando hablaba del viejo cuento de la rana hervida. Esa rana que queremos comernos pero que al echarla a la olla con agua hirviendo salta y se escapa..., así que es preferible meterla en el agua fría y luego calentar la olla poco a poco, para que la temperatura vaya subiendo y acabe cociendo al anfibio sin que éste se dé cuenta de lo que le ha pasado y, por tanto, sin reaccionar. 

¿Conclusiones? La más importante: la próxima vez que le pregunten su opinión sobre un tema concreto, antes de contestar medite un poco sobre por qué contesta de esa manera, sobre por qué defiende usted esa opinión y desde cuándo la tiene realmente. Si es una persona honesta, descubrirá que la inmensa mayoría de ideas y opiniones que bullen en su cabeza no son suyas. Alguien se las injertó en algún momento. Como tantas veces nos han repetido en las clases de la Universidad de Dios, la Tercera Guerra Mundial comenzó hace mucho tiempo ya, pero el premio para el vencedor no es simplemente el territorio o sus recursos económicos sino el interior de las cabezas de la gente.