Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Conspira, que algo queda

Suele decirse que la etiqueta de teórico de la conspiración o su abreviatura de conspiranoico se la inventó la CIA en un intento por ridiculizar y quitar así prestigio y fuerza a los análisis alternativos a la -si se mira con detalle- muy insuficiente narrativa oficial en el tristemente famoso magnicido de J. F. Kennedy. Ayyy..., esa película de Zapruder... En realidad, las conspiraciones existen desde el minuto uno y las ha habido de todo tipo: desde la que organizaron unos cuantos senadores para asesinar a Julio César hasta la que impulsó la Corona francesa con el indecente apoyo del Papado para destruir a los templarios o la de los "librepensadores" que organizaron y alentaron la Revolución Francesa, por citar algunas de las más conocidas.

En épocas más recientes, el primer registro documentado de la expresión teoría de la conspiración en la Biblioteca Nacional del Congreso en los EEUU se remonta al mes de abril de 1868, mientras que la descripción de teórico de la conspiración aparece en uno de los textos más demonizados de la literatura ad hoc del siglo XX: The Iron Curtain over America, publicado en 1951 por John Owen Beaty. Este hombre llegó a ser teniente coronel del servicio de inteligencia estadounidense (o sea, que algo sabría sobre el tema) y entre otras cosas estaba afiliado a la masonería (es decir, que algo más sabría) pero, aunque su libro tuvo cierto éxito en su época, hoy es complicado de encontrar. 

De hecho, si lo hubiera escrito hoy día es probable que ni siquiera hubiera podido publicarlo por los canales editoriales tradicionales, puesto que tocaba determinados temas tabúes en nuestra endeble sociedad occidental contemporánea que tanto dice defender la libre expresión pero que, a la hora de la verdad, es esclava de ciertos poderes, por mucha gente intuidos e incluso conocidos, pero sobre los que no se puede hablar mucho en voz alta... ¿Estoy siendo demasiado conspiranoico?

Durante años, ser calificado como conspiraonico equivalía a etiquetar a alguien con un desprecio sistemático, un desprestigio permanente, una especie de sambenito impuesto por la moderna inquisición que dirige la mentalidad y las opiniones de la mayor parte de los ciudadanos (los mismos que creen que piensan cuando en realidad son pensados). 

Sin embargo, algo ha cambiado después de todo lo que hemos visto en los últimos años, en los que para mucha gente el conspiranoico ha sido "ascendido" de categoría social y ha pasado a ser una especie de "vidente" debido a la alta proporción de aciertos de sus "predicciones", la cantidad de cosas de las que hablaba y que nadie creía pero que han resultado ser ciertas. Ahora ser conspiranoico es asumir el papel de una especie de Rappel de la geopolítica y la economía.

Algunos ejemplos 

Son numerosas las conspiraciones que no eran consideradas como tal pero que hemos visto transformarse en hechos oficialmente reales. Por ejemplo, la participación sistemática de la CIA en operaciones contra gobiernos extranjeros (como el derrocamiento del primer ministro democrático iraní Mossadegh, que echó a las petroleras inglesas y norteamericanas de su país y fue inmediatamente eliminado para poner en su lugar al títere anglosajón conocido como Reza Pahlevi) o contra su propia población (como los infames experimentos del proyecto MK Ultra (negados durante muchos años y que aunque ahora son reconocidos supuestamente terminaron en los años 70 del siglo XX... Supuestamente).

Los últimos cinco años han sido pródigos en la confirmación de conspiraciones de hechos hasta entonces considerados como improbables o directamente imposibles para cualquiera que haya seguido la actualidad más allá de los crímenes y traiciones de nuestra miserable clase política o el entontecimiento generalizado con el fútbol. Nadie le da ahora mucha importancia pero resulta que sí, que el gobierno de EEUU negó durante mucho tiempo lo que ahora reconoce y es que investigó y ocultó información importante sobre la existencia de los ovnis (aunque lo que han desclasificado hasta ahora son sólo migajas, comparado con lo que ocultan todavía). 

Poca gente se preocupa de lo que esto significa pero también se ha confirmado que la contaminación química puede cambiar el sexo de los animales, como se ha demostrado en al menos ranas, peces o camarones. Hay tontos que siguen negándose a mirar hacia arriba, pero también está certificada la existencia de la geoingeniería (una de cuyas principales pruebas son los chemtrails, algo muy diferente de los contrails, que es lo que multitud de gobiernos siguen diciendo todavía hoy que es lo único que existe, aunque ya hay varios estados norteamericanos que han puesto en marcha leyes para prohibirlos en sus cielos). 

Y qué decir de la filiación satanista de muchos de los actuales ídolos musicales, incluyendo algunos que van por el mundo con carita de buenas personas y declaraciones de paz y amor. Más allá de la impresionante abundancia de performances protagonizadas por figuras diabólicas, con crímenes sangrientos y paisajes infernales, en multitud de videoclips actuales, uno no deja de sorprenderse ante las confesiones más o menos explícitas de artistas como Mariyln Manson, Lady Gaga, Bob Dylan y hasta Katy Perry en distintas entrevistas. Algunas son más serias, otras imprimen un aparente tono de broma o de "no es más que una estrategia de marketing" pero jamás en toda la historia de la música popular hemos visto semejante proliferación de propaganda de don Pedro Botero.

Hay muchas otras conspiraciones que están en vías de confirmación, como el Plan Kalergi (basta mirar lo que está sucediendo ahora mismo en Europa, España incluida, con uno de los más grandes "elefantes en la habitación" del que nadie parece querer hablar en serio y que suele camuflarse con términos humanitarios como "crisis migratoria"), el Plan Andinia (muy menospreciado desde que trascendió en los años 60 del siglo XX pero que muchos argentinos han empezado a desempolvar y redescubrir, viendo lo que está pasando últimamente en este país) o quiénes fueron los verdaderos asesinos del almirante Carrero Blanco (a quien todo el mundo daba como sucesor de Franco hasta que un atentado atribuido oficialmente a la banda terrorista ETA le hizo volar literalmente por los aires..., estos últimos años han empezado a publicarse algunas investigaciones que apuntan hacia cierto país con barras y estrellas en su bandera)

En fin, podemos decir que la cuestión no es preguntarse si existen o no las conspiraciones sino más bien aceptar que vivimos en medio de una gran conspiración. Y el que no termine de verlo (es mucha la gente que todavía sigue dormida) puede aplicarse la reflexión del escritor norteamericano Thomas Ligotti: "En cuanto a esas personas que siguen con su vida ordinaria y promedio, disfrutando complacientemente de los cielos de la primavera y las flores del verano, inocentemente ajenos a las monstruosidades con las que coexisten, son niños".  

Ser conspiranoico no es para tanto

¿Qué define a un conspiranoico? ¿Por qué alguien empieza de pronto a no creerse lo que le cuenta una institución o un gobierno? Suele describirse a los conspiranoicos como gente un poco "fuera de la realidad" porque es desconfiada en extremo, está manipulada por el sesgo de confirmación (es decir, que presta atención sólo a aquellas informaciones que confirman sus sospechas y rechaza cualquier evidencia o prueba objetiva que contradice su opinión previa) y obsesionada con el control del entorno, que convierte en una necesidad desmesurada para explicarlo todo de manera muy sencilla cuando lo cierto es que las cosas suelen ser muy complejas. Suena equilibrado..., pero no es del todo cierto. En realidad, no es cierto en absoluto. 

Para empezar, cualquier persona un poco consciente del mundo en el que vive debe ser desconfiada en extremo a la hora de interpretar lo que sucede porque todo el mundo miente más que habla (empezando por las mentiras que uno se cuenta a sí mismo y de las que rara vez es consciente). Mentimos para protegernos y para hacer daño, para progresar en el trabajo y para conseguir pareja, para colocarnos en una posición ventajosa respecto a otros, incluso para sobrevivir...  Si aplicamos esto a la información, he de decir que hace más de 40 años que ejerzo el Periodismo. A él, entre otras cosas, le debo el cultivo de un poderoso y sano escepticismo que me ha permitido mantenerme al margen (a un alto precio) de la, para el público en general, inimaginable cantidad de sectas profesionales que se esconden en su interior y para las que la mentira es modus operandi sistemático. Esas sectas han deteriorado esta profesión hasta el punto de que la mayoría de los que trabajan en ella lo que hacen en verdad no es otra cosa que Propaganda o Publicidad. 

Si tuviera tiempo y ganas (no tengo ninguna de las dos cosas), escribiría una enciclopedia con las mentiras que me he encontrado en todas las ramas de la información en las que me he adentrado. En todas. Por ejemplo, no puedo sino reírme cuando alguien insiste en que sólo hay que atender a las fuentes oficiales. Las fuentes oficiales son las que han negado algunas de las conspiraciones que hoy sabemos a ciencia cierta que en realidad existieron, como indicábamos unos párrafos más arriba. Y en el caso de España, para nadie con dos dedos de frente es un secreto que el gobierno que hemos padecido en los últimos años, empezando por su propio presidente, está integrado por uno de los mayores grupos de mentirosos que han desfilado por la escena política española desde 1975. No son los únicos: habría que hablar de la inmensa mayoría de políticos que parasitan a nuestra sociedad desde distintas administraciones, desde la local hasta la europea.

Respecto al sesgo de confirmación, resulta poco menos que ridículo aplicarlo sólo a los conspiranoicos porque lo encontramos por todas partes, como la mentira. Desde el aficionado del club de fútbol que niega la evidencia del penalti con el que perdió su equipo por muy claro que haya sido filmado, hasta el fanático religioso empeñado en cumplir un precepto concreto que nunca se ha demostrado haya beneficiado a alguien pero sí perjudicado a otras personas, pasando por el científico que se niega a aceptar unas pruebas que suponen la destrucción de su trabajo de años y por supuesto por el periodista que decide publicar una información a toda plana aunque no merezca esa difusión sólo porque apoya ideológicamente lo que implica. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, como dijo un Maestro que fue perseguido y aniquilado por decir la verdad.

Y en cuanto al control del entorno... La mayoría de la gente que conozco sufre de ansiedad (en ocasiones, de manera enfermiza) por su incapacidad para controlar cuanto le rodea y poder dar una explicación que le resulte comprensible acerca de lo que sucede con su vida y por dónde debe tirar. No creo errar mucho si afirmo que a 9 de cada 10 personas (tal vez el porcentaje sea aún mayor) les gustaría saber lo que les va a suceder al menos durante las próximas 24 horas y, sobre todo, qué tendrían que hacer para afrontar cada situación y sacar así todo el provecho posible. Preferirían que todo fuera blanco o negro y no una interminable escala de grises en la que se sienten tan perdidas como un barco sin tecnología moderna envuelto por la niebla en alta mar. 

Casi todos los ancianos con los que he hablado lamentan que "antes las cosas estaban más ordenadas, eran mejor, hoy no hay quien entienda el mundo". Más allá de los implacables efectos de la Entropía, esa fuerza cósmica tan poderosa como desconocida por el común de los mortales, este tipo de reflexiones demuestra que es fácil encontrar sentido a lo que sucedió en el pasado porque, con el paso del tiempo, recolectamos muchas piezas del rompecabezas y podemos armarlo, darle un sentido a lo vivido y comprender cierto orden de las cosas. Pero vivimos en el presente, o deberíamos hacerlo, y procesar el instante mismo en el que nos encontramos requiere un elevado nivel de vigilia y una voluntad de hierro. Por desgracia, ambas virtudes son escasas.

En todo caso, parece que ser conspiranoico no es para tanto, después de todo. Y, lo mejor, cualquiera puede iniciarse en esta manera de ser con relativa facilidad. Con todo lo que está sucediendo hoy día, es más fácil que nunca. 

¿Inmigrante o presidente?

Y si a estas alturas todavía sigue pensando que ser conspiranoico es sólo para "gente que está mal de la olla", me voy a permitir añadir un ejemplo más de lo fácil que es tergiversar una información y construir una realidad alternativa a la existente para engañar a la sociedad y empujarla hacia las líneas de pensamiento que los-poderes-que-no-se-ven quieren que se conviertan en predominantes en un momento dado. De hecho, lo fácil que es hacerlo y las pocas consecuencias que tiene destapar una falsedad porque el ciudadano medio se traga cualquier mentira y, cuanto más grande sea, con más facilidad. 

No existen esos finales felices de las películas de Hollywood en los que, tras innumerables aventuras, los protagonistas logran al fin destapar la corrupción y el crimen de un político o un financiero de gran prestigio que hasta entonces había pasado por intocable y que al final acaba detenido y conducido a la cárcel en medio del revuelo y el escarnio público. Hemos visto ya demasiados casos en los que se ha demostrado esa corrupción y ese crimen y el "malo" ha pasado, todo lo más, una temporadita en una prisión bastante cómoda, antes de regresar a su vida normal disfrutando de lo robado que nunca devolvió porque lo escondió bien en manos de un familiar o de una sociedad opaca.

El ejemplo nos devuelve a la inmigración ilegal: esa arma de guerra híbrida, tan utilizada hoy contra los europeos nativos por aquéllos que tanto nos odian, y que no son los que la mayoría de las personas piensan, por razones que ahora no vienen al caso. Hace algo más de diez años, un joven senegalés llamado Abdou Diouf triunfó en las redes sociales con el relato de su peripecia. En su cuenta de Instagram fue publicando el peligroso viaje que le llevó primero en camión desde Senegal a Marruecos y, luego, en una patera, hasta España, donde al poco de desembarcar huyó de la Policía para esconderse en una gran ciudad. Muchas personas se convirtieron en fieles seguidores de sus selfies y vivieron desde la distancia su aventura, que se convirtió en viral. 

Pero resultó que era una aventura falsa: un fake en toda regla. En realidad, el senegalés era un actor de una campaña publicitaria para promocionar un festival de fotografía vizcaíno cuyo tema general de la siguiente edición estaba centrada en los viajes. No sé por qué la organización del festival decidió complacerse en una experiencia tan trágica en lugar de regodearse con otras más épicas como las de Marco Polo en China o Lord Byron en Grecia, pero lo cierto es que toda la "arriesgada" travesía se rodó en los alrededores de Barcelona en un solo día y luego fue promocionándose en Internet a gota a gota a lo largo de sucesivas publicaciones. Mucha gente que no se quedó hasta el final de la película nunca se enteró de que le habían tomado el pelo con las andanzas de aquel "valiente" inmigrante.

La gracia oculta de todo esto es que existe un Abdou Diouf de verdad. Es un político senegalés que fue primer ministro y posteriormente presidente del país. Y hasta 2015, el año en el que conocimos la historia del inmigrante fake, fue secretario general de la Organización Internacional de la Francofonía. En alguna parte de esta bitácora escribí hace años sobre los actores de crisis. Los hemos visto actuar muchas veces en distintas tragedias, pero hoy se usa más la IA para generar miedo o conmover corazones para generosas donaciones, como sucedió con algunos de los videos distribuidos a raíz de la catástrofe de Nepal el pasado mes de septiembre. Como si no fuera suficiente con la desgracia real.

Uno podría decir: "bueno, lo del inmigrante fake se hacía hace unos años pero hoy no, con tantos verificadores de información que existen". Permítame que me ría de nuevo, porque sé cómo funcionan algunos de esos verificadores y porque hemos visto un caso parecido hace pocos días publicado en el que en su día fuera el mejor periódico de España y hoy es una triste sombra de lo que fue. Este diario publicó la historieta de una supuesta inmigrante marroquí de 28 años llamada Wafae que había participado en la reciente invasión de Ceuta para "escapar" de su familia y de su país. Esta mujer se presentaba como una pobre víctima de la primera y de la del segundo, ya que decía que le habían impedido estudiar, trabajar, viajar e incluso decidir cómo vestir.

No contaba con que vivimos no sólo en la época de Internet sino en la de las redes sociales y algunas funcionan todavía con cierto (pequeño) grado de libertad. Precisamente por ello, la creciente dictadura de la UE apoyada por sus sátrapas locales, incluido el español, están emperrados en controlarlas y censurarlas con las excusas de siempre: la lucha contra el crimen y el terrorismo, la protección de la infancia y no sé cuántos más nobles argumentos. Como todavía no ha llegado ese momento, muchos internautas (imagino que unos cuantos de ellos, conspiranoicos, aunque la mayoría no podría seguramente incluirse en este redil) se tomaron la molestia de rastrear a la tal Wafae en sus redes sociales. Cuatro tenía en ese momento: TikTok, LinkedIn, Facebook e Instagram. Y resulta que lo que encontraron en ellas nada tenía que ver con el lacrimógeno cuento difundido por el diario.

En efecto, en sus propias publicaciones quedó bastante claro que la vida de la chica había sido muy diferente de lo que ella relataba: formación en inglés en el American Languaje Center de Tánger, vestidos caros y occidentales con maquillaje y peluquería impecables, trabajos de modelo, viajes lujosos por Dubái, Catar o Turquía, presencia en limusinas y fiestas... ¡Caramba con la "pobre inmigrante"! Lejos de reconocer el engaño, en algunos comentarios posteriores la mujer lo justificó diciendo que le recortaron la primera entrevista y que la gente entiende lo que quiere entender. Y el propio periódico que en su día tuvo tanto prestigio y hoy da pena hojear no sólo no reculó sino que se enrocó con alguna columna que no tenía un pase, presa de su sesgo de confirmación al igual que unos cuantos de los lectores que dejaron sus comentarios. Aunque eso me hace pensar que, al menos, la periodista que lanzó a la fama a Wafae también fue engañada y no hubo mala fe en su publicación.

Por cierto, Wafae es un nombre bastante común en el mundo árabe e irónicamente su significado está relacionado con fuertes conceptos morales como la integridad o la lealtad. El chiste se cuenta solo. Y su caso no es único. Muchos internautas han encontrado actuaciones similares entre los presuntos "desheredados de la Tierra" que asaltaron Ceuta y los han dado a conocer en las redes sociales. Pero esos casos no han saltado a los medios de comunicación tradicionales. ¿Por qué será?