Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

martes, 9 de febrero de 2010

La superstición del origen africano

Un estudio del llamado Proyecto Genográfico presentado hace unos días en Sidney, Australia, afirma que los orígenes familiares de Charles Darwin (ese Darwin) son africanos. Originales, concretamente, de unos antepasados que habrían vivido en el antaño conocido como Continente Negro hace unos 45.000 años. La conclusión (y el estudio propiamente dicho) fue posible gracias al estudio del ADN de un tataranieto del famoso naturalista inglés. Ya decía yo que su cabello tan lacio y pelirrojo (albo en su madurez), sus labios finos, su piel rosada..., estaban denunciando desde que vino al mundo su parentesco con los zulúes o los masais. Es que no hay más que ver su retrato de cuando era jovencito, hombre...

Esto de que el ser humano racional procede de África es una de las más grandes supersticiones (evitaré llamarle directamente mentira por respeto a todas esas personas que, ignorantes y de buena fe, se creen lo que les cuentan ciertos científicos "especialistas" simplemente porque son científicos y por tanto una "opinión autorizada") del siglo XX, inventada y sostenida en nuestra época contemporánea única y exclusivamente para destruir las evidencias de las diferencias raciales que existen y siempre han existido entre los distintos grupos de seres humanos que han poblado el mundo y que en su día sirvieron para fomentar determinadas teorías políticas sobre las presuntas superioridades o inferioridades de unas sobre otras.

Es más: la superstición se creó con objeto de evitar que algún día esas teorías (con independencia de que fueran más o menos acertadas) pudieran resurgir y reavivar los rescoldos de determinadas ideologías, hoy proscritas del ámbito de lo considerado no ya decente sino tolerable.

Y bien..., es muy posible, quizá indiscutible, que en algún momento el continente africano llegara a albergar a un antepasado común de los primates superiores, a ese animal del cual descienden ta
nto los monos por un lado como los hombres por otro. Pero nadie, absolutamente nadie, a pesar de los millones de dólares que se han enterrado en excavaciones de todo tipo, en especial en la paupérrima zona del llamado Cuerno de África, ha sido capaz de demostrar que nuestro vecino continente haya generado al ser humano que hoy conocemos como tal, con sus realizaciones culturales, sociales e históricas. Nadie. Todos los restos que se han encontrado en África pertenecen a primates, a homínidos, no a seres humanos, ni siquiera a neanderthales.

Es como si dijéramos que el ser humano en realidad nació en América porque, pongamos por caso, se descubre que allí vivió el primer mamífero que existió. Y como los primates son mamíferos, pues el hombre debería ser de origen americano porque está emparentado con ese mamífero.

Pues no, resulta que el primer ser humano que merece ese nombre, el primer homo sapiens, o el más antiguo, que hemos desenterrado hasta ahora, no ha aparecido en África, ni en Oriente Medio por donde se supone que habría abandonado su tierra de origen (nunca se nos explica muy bien por qué abandonar un territorio fértil y pleno de caza y fruta, para emigrar a un lugar más árido como éste o más frío, como Europa), sino en nuestro continente, en Europa. Y más concretamente en España. Que, por una de esas casualidades, resulta que son los lugares donde tenemos más remota constancia de la presencia de la civiliz
ación.

Los inventores del origen africano de la Humanidad pretenden que unas cuantas decenas de miles de años sirven para mutar el aspecto anatómico y el color de la piel de un pigmeo para transformarlos en
los de un noruego, pero la Genética nos dice que están equivocados. Los períodos de tiempo deberían ser considerablemente mayores y en unas circunstancias muy determinadas. Aparte de que, insisto, nadie es capaz de aclarar qué impulsaría a un hombre acostumbrado a vivir en la jungla y la sabana, cómodo en su medioambiente, a emigrar para instalarse entre los hielos en un lugar hostil y desconocido y, en principio, con muchas menos ventajas para su supervivencia.

Una de las grandes claves para terminar de desmoronar todo el "cuento africanista" la tenemos precisamente aquí, en Burgos, en las excavaciones de Atapuerca que, si estuvieran ubicadas en cualquier país occidental con un mínimo de respeto real hacia la Ciencia, gozarían de un nivel de inversiones e interés del gobiern
o mil veces mayor que el que tienen hoy en manos de los que se supone que dirigen el nuestro. Pasarán muchos años todavía, pues el trabajo es lento, excesiva e irritantemente lento, pero lo que ha de salir de las fosas de Atapuerca (si nadie "pierde" algún descubrimiento en exceso espectacular) va a terminar desmontando la superstición (¿nadie se ha parado a pensar por qué al nuestro, justo al nuestro y no al africano o al asiático o a cualquier otro..., se le conoce desde siempre como el "Viejo Contintente"?).

De hecho, ya hay científicos que lo están haciendo como buenamente pueden (y pese al silencio de los medios de comunicación, que a menudo en éste como en otros casos se limitan a repetir como loros las teorías dominantes). En España tenemos a nuestro Jorge Ribero Meneses, del que ya hablamos algo el otro día, y que ha sido el primero en certificar la existencia de la primera civilización propiamente humana en la cornisa cantábrica. Pero (y por poner sólo dos ejemplos) en la Universidad de Saint Louis, en los EE.UU., tenemos a Allen Templeton, quien advierte de que "no hay datos que avalen una invasión del homo sapiens desde África, con posterior extensión al resto de continentes" mientras en la Universidad de Leipzig, en Alemania, Svante Pääbo explica que "el modelo de actividad del gen humano es bastante similar al del chimpancé; sin embargo, sus cerebros son diferentes. El del chimpancé y los modelos de transcripción humanos son dos polos opuestos."

La antigua leyenda del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas quichés, relata entre otras cosas la creación del mundo, cuando el Creador y el Formador en compañía de los otros dioses decidieron construir al ser humano, que debía ser su obra maestra con la cual coronar todo el proceso. El mito quiere que, antes de la creación del que sería el hombre definitivo, a partir del maíz, los dioses modelaran otros dos hombres previos que no salieron bien. El primero, a partir del barro, era torpe y tonto y fue destruido por el fuego enviado por los dioses. El segundo, a partir de la madera, se desarrolló y creó una gran cultura pero se mostró impío y malvado y por eso fue destruido, esta vez por el agua en un gran diluvio que mandaron también los dioses. Y, aquí está lo interesante, según los mitos mayas sólo un puñado de los hombrs de aquel segundo mundo sobrevivieron pero lo hicieron "encaramándose a lo más alto de los árboles para huir de las aguas terribles, y allí en lo alto degeneraron y se convirtieron en los animales que hoy conocemos con el nombre de monos".

Es decir, no es el hombre la evolución a mejor del mono sino el mono la degeneración a peor del hombre, lo que por cierto está más de acuerdo con la ley de la entropía que domina todo el universo material (aparte de con los mitos de otros pueblos). Porque ésta es la otra gran cuestión de fondo que nadie jamás ha explicado: ¿qué circunstancia concreta hizo evolucionar al mono hacia el hombre? ¿Y por qué del mono y no de la hormiga o el elefante? ¿Qué sucedió en un momento determinado para que se produjera aquel salto? ¿Cómo se produjo? ¿Alguien lo produjo? ¿Por qué lo hizo?

2 comentarios:

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  2. "Los inventores del origen africano de la Humanidad pretenden que unas cuantas decenas de miles de años sirven para mutar el aspecto anatómico y el color de la piel de un pigmeo para transformarlos en los de un noruego, pero la Genética nos dice que están equivocados".

    Según este argumentario (que personalmente no comparto), exactamente igual de absurdo sería pretender lo contrario: que partiendo de un noruego blanco y rubio, o de un hipotético cántabro primigenio, a lo largo de "unas cuantas decenas de miles de años" tengamos como resultado un pigmeo.

    A no ser que lo que sugieres en tu artículo sea que los pigmeos (por ejemplo), o los negros/africanos en general, son una especie diferente de la humana, y por lo tanto desvinculada por completo de nuestra evolución (?).

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